
Cada 14 de enero, Venezuela se convierte en el epicentro de una de las manifestaciones de fe más imponentes del continente. La procesión de la divina pastora, patrona espiritual de los larenses, moviliza a millones de personas en un recorrido que trasciende lo religioso para convertirse en un fenómeno cultural y social de magnitud internacional. Esta advocación mariana es considerada la tercera concentración de fieles más grande del mundo, solo superada por las festividades de la virgen de Guadalupe en México y la virgen de Fátima en Portugal.
La jornada comienza en el pintoresco pueblo de Santa Rosa, donde la imagen parte en hombros de sus devotos hacia la catedral metropolitana de Barquisimeto. El trayecto, que abarca más de siete kilómetros, es un río humano de promesas cumplidas, pies descalzos y cantos de esperanza que reflejan la identidad del pueblo venezolano.
Un origen marcado por el misterio y la voluntad divina
La historia de esta devoción se remonta a 1736, cuando el padre Sebastián Bernal, párroco de Santa Rosa del Cerrito, solicitó una imagen de la Inmaculada Concepción. Por un error de envío, llegó al pueblo un cajón que contenía la figura de la Divina Pastora. Al percatarse del equívoco, el sacerdote intentó devolverla, pero ocurrió lo inexplicable: el cajón se volvió tan pesado que resultó imposible moverlo, incluso con la ayuda de varios hombres y animales. Este suceso fue interpretado como una señal divina de que la virgen deseaba permanecer en tierras larenses.
El milagro que detuvo la epidemia de cólera
Aunque la imagen ya era venerada, la tradición de la procesión anual nació de una tragedia sanitaria. En 1855, Venezuela fue azotada por una devastadora epidemia de cólera que cobró miles de vidas. Desesperados, los habitantes de Barquisimeto decidieron sacar a la virgen en procesión el 14 de enero de 1856.
Cuenta la tradición que el padre Macario Yépez, afectado por la enfermedad, imploró a la virgen ser la última víctima del cólera a cambio de que la peste cesara. Según los registros históricos, a partir de ese día la epidemia comenzó a remitir milagrosamente, consolidando para siempre la gratitud del pueblo hacia su patrona.
Iconografía y legado de una devoción centenaria
La imagen de la divina pastora destaca por su iconografía única: luce un sombrero pastoril, un manto finamente bordado y sostiene al niño Jesús pastorcito en su regazo, mientras su mano derecha reposa sobre un cordero. Este simbolismo refuerza su papel como guía y protectora del rebaño de fieles.
A lo largo de los años, la importancia de esta advocación ha sido reconocida por las máximas autoridades eclesiásticas. En 1956, el papa Pío XII autorizó su coronación canónica, un hito que celebró el centenario de su milagrosa intervención contra el cólera. Hoy, la divina pastora no es solo un ícono religioso, sino el símbolo de unión y resiliencia más importante del estado Lara.
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