
El arzobispo de Caracas exhorta a los fieles a convertir el recorrido tradicional en un acto de compromiso social y espiritual por el país.
Este Viernes Santo, las calles del centro de la ciudad de Caracas se llenaron de devoción con la tradicional visita a los siete templos. Entre los miles de fieles que cumplieron con esta práctica centenaria se encontraba el arzobispo metropolitano de Caracas, monseñor Raúl Biord, quien aprovechó la jornada para enviar un mensaje de reflexión profunda a la feligresía venezolana, instando a que esta ruta no sea vista únicamente como una costumbre externa, sino como un encuentro real con el sufrimiento del prójimo.
Un llamado a la oración profunda y solidaria
Desde el histórico templo de San Francisco, ubicado en el corazón de la capital, monseñor Biord enfatizó que el recorrido debe trascender la simple movilización física. El prelado invitó a los ciudadanos a quedarse «un ratico» en cada estación frente al santísimo sacramento, transformando el momento en una oportunidad para la introspección y la intercesión por las necesidades colectivas que atraviesa la nación en la actualidad.
El arzobispo recordó que, si bien la tradición invita a recordar la pasión de Cristo, hoy esa pasión se refleja en los rostros de los ciudadanos más vulnerables. Por ello, instó a elevar plegarias específicas por quienes atraviesan situaciones de dificultad extrema, resaltando que la fe debe traducirse en una empatía activa hacia los sectores más golpeados de la sociedad contemporánea.
Venezuela como el herido de la parábola
Utilizando una potente metáfora bíblica, monseñor Biord comparó la situación actual del país con el relato del buen samaritano. «Venezuela es ese herido que necesita nuestra atención, que le dediquemos también nuestro cariño y nuestro compromiso», afirmó con contundencia. Con estas palabras, el arzobispo buscó sensibilizar a los presentes sobre la importancia de no pasar de largo ante el dolor ajeno y de asumir una responsabilidad compartida en la reconstrucción del tejido social.
El mensaje incluyó una petición especial por grupos específicos que viven bajo condiciones de vulnerabilidad: los enfermos que claman por salud, los migrantes que han tenido que dejar su tierra, los presos y todos aquellos que se encuentran privados de su libertad o en situaciones de sufrimiento silencioso. Para el arzobispo, la oración por Venezuela es un deber moral que une a todos los creyentes en un solo clamor de esperanza.
Más que turismo es un encuentro espiritual
Finalmente, el arzobispo metropolitano hizo un balance entre la apreciación estética y la devoción religiosa. Si bien animó a los caraqueños a disfrutar de la riqueza arquitectónica y la belleza histórica que poseen los templos de la arquidiócesis, fue enfático al aclarar que la acción es mucho más que «turismo religioso». La estética de las iglesias debe servir, según sus palabras, como un puente para conectar con la espiritualidad y el compromiso cristiano.
La jornada cerró con una invitación a mantener viva la esperanza, recordando que el recorrido por los siete templos simboliza el acompañamiento a Jesús en sus momentos de soledad, un acompañamiento que hoy se le debe brindar a cada venezolano que sufre. Con esta presencia en las calles, la iglesia de Caracas reafirma su cercanía con el pueblo en los momentos de mayor significado para la fe católica.
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