
La petrolera estatal venezolana PDVSA se encuentra en su crisis operativa más grave en años, forzada a tomar medidas extremas para evitar el cierre total de sus unidades de refinación. La causa principal es una acumulación crítica de inventarios de crudo y, particularmente, de combustible residual, generada por la intensificación del bloqueo marítimo impuesto por Estados Unidos, que ha paralizado de facto las exportaciones del país.
Cuatro fuentes internas confirmaron a Reuters que la escasez de espacio de almacenamiento ha alcanzado un punto de inflexión. La campaña de presión de Washington, que intimida incluso a los buques no sancionados, ha reducido las exportaciones a un mínimo histórico, desencadenando una emergencia en la cadena de suministro y refinación.
El bloqueo paraliza las exportaciones
Si bien algunos petroleros han logrado ingresar a aguas venezolanas recientemente, incluyendo un par de buques de bandera china, la gran mayoría de los buques fletados para entregas en diciembre y principios de enero han dado marcha atrás. Este efecto disuasorio ha sido devastador para los volúmenes de exportación.
La crisis actual es la más severa desde que el Departamento del Tesoro de EE. UU. impuso sanciones a los principales socios comerciales de PDVSA en 2020. Anteriormente, la estatal logró sortear las restricciones recurriendo a intermediarios y a una «flota fantasma» de petroleros que oscurecían su ubicación para transportar petróleo, principalmente a Asia. Sin embargo, la reciente escalada en el control marítimo ha neutralizado gran parte de esta estrategia.
Capacidad de almacenamiento colapsada
Venezuela, debido a que produce predominantemente crudo extrapesado, genera vastos volúmenes de combustible residual con alto contenido de azufre (fueloil), un producto que típicamente se exporta a mercados asiáticos. Los documentos internos de la compañía y los datos de envío revelan que estos envíos se han reducido drásticamente en las últimas dos semanas.
Tras llenar casi por completo los tanques de almacenamiento en tierra, PDVSA implementó una estrategia de almacenamiento flotante, utilizando buques tanque en sus costas para almacenar crudo y fueloil. No obstante, esta solución temporal también ha agotado su capacidad.
«No tienen dónde almacenar más», señaló una de las fuentes. «Sin la salida de los petroleros, la situación se está poniendo fea».
Se estima que la compañía ya almacena cerca de 25 millones de barriles de residuos en buques, lo que significa que el límite de la capacidad flotante se ha superado.
Medidas extremas en Paraguaná
Para evitar el cierre inminente de unidades operativas en el Centro de Refinación Paraguaná (CRP), con una capacidad nominal de 955 mil barriles por día, PDVSA está recurriendo a soluciones desesperadas. Una de las medidas más alarmantes incluye el envío de combustible residual a las piscinas de desechos de petróleo en la región occidental del país, una práctica altamente contaminante y que subraya la desesperación operativa. Adicionalmente, se están realizando esfuerzos para reabrir tanques de almacenamiento que se encontraban inactivos.
A pesar de que el Ministerio de Petróleo y el gobierno de Nicolás Maduro han reiterado que el país continuará produciendo y exportando, las cifras preliminares de diciembre confirman el impacto del bloqueo. Las exportaciones petroleras cayeron aproximadamente a la mitad de los 950 mil barriles por día (bpd) que se promediaron en noviembre. Los únicos buques que han logrado zarpar desde mediados de diciembre son aquellos fletados por el principal socio de PDVSA, la estadounidense Chevron, operando bajo excepciones específicas de las sanciones.
La incautación de dos cargamentos completos de crudo venezolano por parte de Estados Unidos a principios de mes ha exacerbado el temor en la industria naviera global, elevando el riesgo percibido de trabajar con el país y solidificando el cerco operativo sobre PDVSA.
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