

Así, el 20 de mayo comenzó a publicar en su página personal de Facebook series de fotografías de los supermercados y tiendas de alimentos de los sectores de clase media alta de la capital venezolana, que residen en algunas zonas del este y especialmente el sureste de Caracas.
Y agrega que «el universo de la Tintori y de sus acólitos no es de escasez precisamente. Y no hay un éxodo como el de los ÑUS en el Serenguetti por escapar del país, los aeropuertos no están colapsados de familias de clase alta huyendo del país. Los ricos y acomodados siguen en sus casas, en sus urbanizaciones, que no están despobladas, precisamente.»
Y agrega que «el universo de la Tintori y de sus acolitos no es de escasez precisamente. Y no hay un exodo como el de los ÑUS en el Serenguetti por escapar del país, los aeropuertos no estan colapsados de familias de clase alta huyendo del país. Los ricos y acomodados siguen en sus casas, en sus urbanizaciones, que no estan despobladas, precisamente.»
Desabastecimiento. Otxotorena además de mostrar la realidad venezolana, también explica como se origina el fenómeno del desabastecimiento desigual. Explica que, mientras los supermercados de lujo importan directamente y fijan sus precios tomando como referencia el valor del dólar, las tiendas «normales» recurren a los mayoristas, a los pequeños importadores, a lo que el gobierno distribuye ahora, que es menos por la escasez de dolares y la bajada del petroleo…y sobre todo se surte del producto nacional.
«Mientras el precio del petroleo aguantó, el gobierno venezolano trajo y trajo comida y de todo, y dio dolares a los importadores que básicamente estafaban al gobierno poniendo sobreprecios en dolares y de mil formas y maneras, corrompiendo a los funcionarios para que certificasen que por ejemplo habían traído tres contenedores de repuestos de automóviles…cuando solo habían traído uno y lo habían pasado tres veces por la aduana», explica el ciudadano vasco.
A esta situación suma las consecuencias del contrabando de extracción de bienes esenciales con destino a Colombia y la práctica del acaparamiento y reventa de productos subsidiados conocida como «bachaqueo».
«Estos bachaqueros, están dirigidos y controlados por organizaciones colombianas, con la complacencia de la oposición, que ha llegado a definir como «trabajadores por cuenta propia» o «emprendedores» a esta plaga maligna,» agrega.
Su conclusión es que efectivamente se trata de una guerra contra el pueblo venezolano, cuyo carácter criminal y golpista es alentado por unos medios internacionales «que no soportarían ni aguantarían ni en la décima parte si estos comportamientos se produjesen en sus países.»











