
Impulsada por la crisis en el Estrecho de Ormuz y nuevas alianzas internacionales, la industria nacional proyecta un crecimiento del 35% en su producción, posicionándose como el salvavidas energético ante la caída de los inventarios globales.
Venezuela se prepara para dar un salto cuantitativo en su principal industria con el objetivo de alcanzar una producción de 1,3 millones de barriles de petróleo por día (bpd) antes de que finalice el 2026. Según las proyecciones presentadas por el experto energético Germán Márquez durante una entrevista en el programa «Al Aire» de VTV, el país cuenta con la capacidad técnica y las reservas probadas necesarias para materializar este incremento. Este volumen representaría un crecimiento cercano al 35% en comparación con los 921 mil barriles reportados al inicio del año, lo que devolvería a la nación un rol protagónico en el mercado energético internacional en un momento de alta volatilidad.
El éxito de este ambicioso plan de expansión no depende únicamente del recurso bajo el suelo, sino de una serie de adecuaciones organizativas y empresariales que ya se encuentran en marcha bajo el marco jurídico vigente. Márquez destacó que el renovado entusiasmo del sector privado, sumado a la reactivación de alianzas estratégicas internacionales, está permitiendo la entrada fluida de insumos, repuestos y maquinaria esencial para la rehabilitación de pozos. Esta dinámica es considerada un factor determinante para consolidar a Venezuela como un surtidor confiable frente a la demanda de los países industrializados, quienes hoy ven con preocupación la disminución de sus reservas estratégicas.
El contexto geopolítico juega un papel crucial en esta nueva etapa de la industria venezolana. El cierre progresivo de rutas marítimas vitales, como el Estrecho de Ormuz, ha desplazado la producción de otros mercados, convirtiendo a las cuencas venezolanas en la alternativa más viable ante el déficit global de crudo. En este sentido, la recuperación de la operatividad en zonas clave como el Lago de Maracaibo se perfila como la punta de lanza del proyecto, gracias a la llegada de materiales especializados a través de nuevas licencias comerciales que facilitan la construcción y reparación de la infraestructura petrolera.
Finalmente, el analista energético subrayó que la consolidación de esta meta requiere la reincorporación masiva de mano de obra calificada en las áreas operativas y la integración de servicios técnicos de alta gama. Con estos elementos alineados, Venezuela proyecta un periodo de crecimiento sostenido que no solo busca cumplir con las metas establecidas por el Ejecutivo Nacional, sino también aprovechar la coyuntura global para reafirmar su relevancia como potencia energética frente a la caída de los inventarios en otras regiones del mundo.
www.diariorepublica.com




