
En el marco de la procesión del Nazareno de San Pablo, la «presidenta encargada» abogó por el cese de la intolerahncia y el reencuentro entre sectores, en un contexto político marcado por la transición en el Poder Ejecutivo.
En un mensaje cargado de simbolismo religioso y político, Delcy Rodríguez hizo un llamado este 1 de abril, Miércoles Santo, a la jerarquía eclesiástica y a la sociedad venezolana para avanzar en un proceso de sanación nacional. A través de sus cuentas oficiales en X y Telegram, la funcionaria exhortó a «sanar heridas y corazones» para erradicar la intolerancia en el país.
«Que sea el amor, la convivencia y el reencuentro, en medio de las diferencias, lo que nos permita vivir en paz, armonía y hermandad», expresó Rodríguez, quien además confirmó que los dispositivos de seguridad y logística están plenamente operativos para la tradicional procesión de El Nazareno de San Pablo en la capital.
Un discurso de pacificación en medio de la crisis
Desde que asumió el rol de «presidenta encargada» en enero pasado —tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores por fuerzas estadounidenses para enfrentar juicios por narcoterrorismo—, Rodríguez ha mantenido una narrativa constante de reconciliación. Este nuevo acercamiento a la Iglesia busca tender puentes con un sector que ha sido crítico con la gestión gubernamental en años anteriores.
Coincidencia con el mensaje episcopal
El llamado de la funcionaria se alinea, al menos en la forma, con las recientes peticiones del arzobispo de Caracas, monseñor Raúl Biord. Durante la misa del Domingo de Ramos, el prelado instó a los feligreses a practicar el perdón y la paz, elevando oraciones por los sectores más golpeados de la sociedad:
Vulnerabilidad: Biord pidió acompañar a los enfermos, ancianos en soledad y a quienes padecen debilidad física.
Libertad: El arzobispo dedicó una mención especial a quienes se encuentran privados de su libertad, un tema sensible en la agenda de derechos humanos del país.
Contexto de fe y transición
La festividad del Miércoles Santo representa el punto álgido de la devoción popular en Venezuela. En esta ocasión, la liturgia se desarrolla en un escenario de profunda reconfiguración del poder regional, donde el discurso de «unidad nacional» de Rodríguez intenta estabilizar la gobernabilidad mientras el destino legal de la anterior cúpula presidencial se dirime en tribunales internacionales.
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