
En una decisión de carácter urgente y bajo la figura de «medida cautelar», la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ordenó la juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta interina de la República. El acto, programado para este lunes 5 de enero, coincide con la instalación del nuevo período legislativo de la Asamblea Nacional.
Continuidad administrativa por «vía judicial»
La ponencia conjunta del máximo tribunal establece que Rodríguez asumirá el cargo con la totalidad de las atribuciones y deberes constitucionales. No obstante, el fallo aclara que esta medida busca evitar la parálisis del Estado sin calificar todavía si la situación de Maduro —bajo custodia en EE. UU.— constituye una «falta absoluta» o «temporal».
“Esta Sala ha considerado indispensable dictar una medida de protección para garantizar la continuidad administrativa del Estado y la defensa de la nación”, reza el texto del TSJ, eludiendo por ahora el fondo jurídico de la vacante presidencial.
El escenario de la juramentación
La toma de posesión se llevará a cabo ante los 285 diputados de la Asamblea Nacional, cuya mayoría es afín al gobierno y está presidida por Jorge Rodríguez, hermano de la ahora designada mandataria interina.
Este movimiento institucional ocurre mientras Washington, tras ejecutar la «operación de extracción» de Maduro, ve en Delcy Rodríguez una figura con la cual iniciar contactos de alto nivel para una transición negociada, aprovechando sus vínculos previos con mediadores internacionales como el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero.
Un giro de discurso en pocas horas
Llama la atención el contraste entre la decisión judicial y las palabras de la propia Rodríguez horas antes. En una comparecencia junto a Diosdado Cabello y el General Vladimir Padrino López, la funcionaria había sido enfática: “Nicolás Maduro es el único presidente de Venezuela”.
A pesar de su retórica de lealtad total, la resolución del TSJ la coloca formalmente al frente del Ejecutivo, convirtiéndola en la máxima autoridad administrativa del país en medio de la mayor crisis militar y diplomática de las últimas décadas. El TSJ, históricamente alineado con la gestión de Maduro, actúa ahora como el arquitecto de la transición interna, intentando mantener el control burocrático ante la presión ejercida por la Casa Blanca.
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