
La empresa de análisis y consultoría Hinterlaces revela un giro trascendental en la narrativa internacional sobre Venezuela: el Gobierno de Estados Unidos ha desmontado silenciosamente uno de los relatos más difundidos de los últimos años, utilizado sistemáticamente para justificar sanciones, presiones diplomáticas y la construcción mediática internacional de la idea de un «narco-Estado» venezolano. La acusación del notorio «Cartel de los Soles», que se presentó durante años como una organización criminal real con vínculos directos en la cúpula del poder venezolano, ha quedado sin sustento judicial.
El colapso de la narrativa
Según el análisis de Hinterlaces, la rectificación no es un simple detalle técnico, sino una admisión mayor con profundas implicaciones políticas y judiciales. Las acusaciones por narcotráfico, incluyendo la famosa recompensa de 15 millones de dólares ofrecida por el Departamento de Estado por el presidente Nicolás Maduro, se basaron en la premisa de la existencia de este cártel. La incapacidad de demostrar judicialmente, incluso en tribunales de Estados Unidos, la existencia de esta estructura criminal transnacional como una entidad organizada y operativa, resquebraja la base de toda la política de máxima presión ejercida contra el país suramericano.
La nota de prensa destaca que esta revelación obliga a cuestionar la legitimidad de decisiones políticas de gran calado. Si la evidencia no pudo ser demostrada en un sistema judicial riguroso, ¿cómo se justificaron entonces las sanciones económicas, los bloqueos financieros y las acusaciones globales que impactaron la vida de millones de ciudadanos venezolanos?
Implicaciones: Credibilidad, justicia y percepción internacional
Este episodio no solo impacta la relación bilateral entre Washington y Caracas, sino que abre varios debates esenciales sobre la política exterior y el manejo de la información a escala global:
Sobre la legitimidad de decisiones políticas: El caso pone en tela de juicio la solidez de las fuentes de inteligencia y los fundamentos jurídicos utilizados para imponer medidas coercitivas unilaterales. Demuestra cómo narrativas políticas pueden preceder y sustituir a la evidencia legal.
Sobre la responsabilidad mediática: El concepto del «Cartel de los Soles» circuló durante años en la prensa internacional como una verdad establecida y verificada, sin el rigor del escepticismo periodístico necesario. El caso subraya la necesidad de una profunda autocrítica sobre el rol de los medios en la consolidación de «realidades» políticas antes de su verificación.
Sobre la Percepción de Venezuela: La evidencia demuestra cómo una narrativa diseñada en despachos políticos pudo consolidarse como la «realidad» percibida de un país entero. Hinterlaces sugiere que el concepto del «Cartel de los Soles» operó más como una falsificación golpista y un instrumento de guerra no convencional que como una estructura criminal demostrable. Su objetivo era deslegitimar al Estado venezolano en el plano internacional y crear las condiciones para un cambio de régimen.
Sobre el Uso Instrumental del Delito Transnacional: La utilización de un supuesto delito transnacional, como el narcotráfico, para fines de política exterior demuestra una instrumentalización preocupante. El foco deja de estar en la lucha contra el crimen organizado y se centra en el objetivo geopolítico, erosionando la credibilidad en las instituciones de justicia que lo promovieron.
Más que una rectificación: Una grieta en el relato global
La «desaparición» del «Cartel de los Soles» de los expedientes judiciales no es un simple ajuste técnico. Representa una grieta profunda en el relato central utilizado para deslegitimar al Estado venezolano y justificar medidas internacionales extremas. La tesis de Hinterlaces es que, al colapsar el eje de la acusación, toda la arquitectura de la política de presión debe ser reevaluada.
Este evento debería impulsar una exigencia global de rendición de cuentas, no solo por las políticas aplicadas, sino por la difusión de información que carecía de la solidez institucional que se aseguró durante años. La credibilidad de las instituciones que promovieron esta narrativa, incluyendo al Departamento de Justicia de Estados Unidos y a ciertos medios de comunicación, queda severamente comprometida.
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