
El ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel Albares, abrió este viernes la posibilidad de que la Unión Europea (UE) revise las restricciones personales que pesan sobre Delcy Rodríguez, quien ha asumido el rol de “presidenta encargada” tras la reciente captura de Nicolás Maduro.
En una entrevista concedida a la cadena La Sexta, el jefe de la diplomacia española señaló que el bloque europeo deberá evaluar el comportamiento del nuevo ejecutivo venezolano para determinar si las sanciones vigentes, ratificadas recientemente hasta 2027, siguen siendo pertinentes.
El dilema del reconocimiento y el diálogo
Albares recordó que existe una «norma no escrita» dentro de la diplomacia europea que evita sancionar directamente a los jefes de Estado para no clausurar las vías de comunicación. Esta fue la razón por la cual Nicolás Maduro nunca figuró en las listas de restricciones, a diferencia de Rodríguez, quien fue sancionada en 2018.
“Tendremos todos los europeos que volvernos a plantear esa situación”, afirmó el ministro, sugiriendo que la nueva investidura de Rodríguez obliga a un rediseño de la política exterior del bloque.
Las sanciones como herramienta, no como castigo eterno
El ministro subrayó que las medidas coercitivas son un medio para incentivar cambios políticos y no un objetivo final. En este sentido, Albares se mostró dispuesto a liderar la petición de levantamiento de estas medidas si se observan avances democráticos:
Condición para el levantamiento: Que el nuevo Gobierno dé «pasos en la dirección correcta».
Flexibilidad previa: El diplomático recordó que ya existen precedentes de excepciones, como la visita de Rodríguez a Bruselas en 2023 para la cumbre UE-Celac.
Compromiso regional: “España siempre va a estar al lado de los pueblos hermanos de América Latina”, puntualizó.
Contexto de las restricciones
Sobre Delcy Rodríguez pesa actualmente una prohibición de entrada al territorio comunitario y la congelación de activos. Aunque estas fueron extendidas el pasado diciembre, el vertiginoso cambio de poder ocurrido el 3 de enero tras la intervención militar estadounidense ha forzado a las capitales europeas a reconsiderar su estrategia de presión frente a la necesidad de mantener interlocución con quien hoy detenta el mando en Caracas.
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