
El ejecutivo cede ante los mineros para frenar cincuenta días de protestas que causaron catorce muertes.
Bolivia recupera la calma parcial tras la firma de un acuerdo entre el gobierno del presidente Rodrigo Paz y los líderes de la Central Obrera Boliviana. El documento busca poner fin a cincuenta días de intensas protestas y bloqueos de carreteras que paralizaron los principales centros urbanos del país. La crisis, gatillada por demandas salariales y políticas, dejó un saldo trágico de catorce personas fallecidas y cientos de heridos durante los duros enfrentamientos con las fuerzas del orden.
Alcances y compromisos del pacto
El mandatario Rodrigo Paz asumió el compromiso formal de cumplir con el pliego de peticiones presentado por los obreros sindicalizados y los mineros asalariados. Entre los puntos principales destacan la promesa de no privatizar empresas estratégicas, mantener la subvención a los combustibles y, fundamentalmente, gestionar la liberación de los manifestantes detenidos. Las mesas de diálogo técnico comenzarán a operar el próximo miércoles bajo un estricto cronograma de ejecución con un plazo máximo de noventa días.
Desmovilización y focos de resistencia
El líder cobista Mario Argollo ordenó el repliegue inmediato de sus bases para evitar que se dicte un estado de excepción constitucional en el territorio nacional. Los mineros comenzaron a desalojar los puntos de concentración, permitiendo el restablecimiento del tránsito de mercancías entre el oriente y el occidente boliviano. Sin embargo, la efectividad de la pacificación total sigue bajo amenaza, ya que las federaciones de campesinos de La Paz y Cochabamba rechazaron el pacto e insisten en la renuncia del gobernante.
Desafíos para la gestión de paz
La firma del documento representa un alivio para la ciudadanía, que intentará retomar sus actividades comerciales bajo un ambiente de tensa estabilidad. El presidente Rodrigo Paz enfrenta ahora el reto político de reconstruir la confianza social y sanar las profundas heridas que fracturaron al país. Analistas locales coinciden en que la viabilidad del acuerdo dependerá de la capacidad real del presupuesto estatal para absorber las demandas económicas sin desestabilizar las finanzas públicas en el mediano plazo.
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