
El secretario de Estado de EE. UU. solicita un plazo de seis meses para evaluar el progreso hacia la democracia y subraya la importancia de la presencia diplomática sobre el terreno para estabilizar la región.
El jefe de la diplomacia de Estados Unidos, Marco Rubio, compareció recientemente ante el Senado para desglosar la hoja de ruta de la administración de Donald Trump respecto a la crisis política en Venezuela. Durante su intervención, el secretario de Estado fue enfático al aclarar que, por el momento, el gobierno estadounidense no está preparando acciones militares contra el país suramericano. En su lugar, la estrategia se centra en un acompañamiento diplomático y civil que permita una transición estructural, citando paralelismos históricos con naciones como España o Paraguay, donde el paso de regímenes autocráticos a sistemas democráticos fue un proceso gradual y complejo.
Perspectivas sobre el tiempo de la transición política
Rubio explicó que, si bien la urgencia es máxima, no es posible determinar un plazo exacto para la culminación del cambio de mando en Venezuela. Sin embargo, advirtió con firmeza que el estancamiento actual no puede prolongarse indefinidamente. El secretario manifestó que el objetivo es ver resultados tangibles en un periodo de tres a cinco meses, de modo que la realidad institucional del país sea distinta a la que se observa hoy. Para el funcionario, la clave del éxito reside en la capacidad de Washington para desplegar personal diplomático directamente en Caracas, lo que permitiría una evaluación mucho más precisa de las necesidades locales.
La importancia del trabajo con la sociedad civil
Uno de los puntos clave de la audiencia fue la distinción que hizo Rubio entre la comunicación telemática y la ejecución de políticas en el territorio. El secretario insistió en que existe una diferencia sustancial entre mantener contacto telefónico diario con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y la labor de campo con las autoridades locales y las organizaciones civiles. Según su visión, la política exterior debe trascender el reconocimiento oficial para enfocarse en reconstruir el tejido social y económico que ha sido devastado tras años de parálisis institucional.
Un cambio en la dinámica tras catorce años
Al hacer balance de los esfuerzos previos, Rubio recordó que la comunidad internacional pasó más de catorce años intentando alterar la dinámica política en Venezuela sin éxito significativo. No obstante, subrayó que este es el primer momento en más de una década en el que existe una posibilidad real y tangible de transformar las condiciones de la sociedad venezolana. El optimismo de la administración se basa en el resurgimiento de la vida cívica y la presión internacional coordinada, factores que, según el secretario, deberían mostrar frutos claros en el próximo semestre.
El futuro de la relación binacional y seguridad
Finalmente, Rubio reiteró que la visión a largo plazo para el país es la de una Venezuela democrática, próspera y amigable con sus vecinos. Aunque el tono principal fue conciliador y enfocado en la vía diplomática, el secretario no descartó por completo medidas de fuerza en el futuro. Esta posibilidad quedaría reservada estrictamente para escenarios donde el gobierno de Rodríguez no coopere plenamente con las exigencias de transparencia y seguridad planteadas por Washington, manteniendo así todas las opciones sobre la mesa para garantizar la estabilidad regional.
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