
La capital zuliana ha despertado este sábado bajo una atmósfera de profunda incertidumbre. Apenas horas después de confirmarse la incursión militar estadounidense y la presunta extracción de Nicolás Maduro del territorio nacional, los marabinos se han volcado masivamente a las calles en una jornada de compras de emergencia que ha dejado a los principales comercios al borde del desabastecimiento.
Supermercados desbordados y anaqueles vacíos
Durante un recorrido matutino por establecimientos de la zona norte y sur de Maracaibo, se pudo constatar un fenómeno de «compras de pánico» sin precedentes en los últimos años. Las escenas se repitieron en diversas cadenas de supermercados y farmacias:
Inventario crítico: Rubros básicos como carnes, lácteos, huevos y tubérculos desaparecieron en cuestión de horas.
Afluencia duplicada: Gerentes de locales comerciales confirmaron que el volumen de clientes superó el 100% de lo habitual para un fin de semana de inicio de año.
Prioridades: Los ciudadanos se enfocaron en el acopio de alimentos no perecederos, agua potable y medicamentos esenciales ante el temor de un bloqueo prolongado o disturbios sociales.
Incertidumbre en la cola
La tensión no solo se siente en los estantes, sino también en las largas filas que se extienden a las afueras de los locales. Para muchos consumidores, el recuerdo de crisis anteriores impulsa la necesidad de prepararse ante lo peor. «Nadie sabe qué va a pasar mañana, si habrá transporte o si las tiendas abrirán», comentó una usuaria a las puertas de un supermercado en la Avenida Bella Vista.
El contexto de la crisis
Este comportamiento del consumidor responde directamente al anuncio del presidente de EE. UU., Donald Trump, quien la madrugada de este sábado confirmó un ataque «a gran escala» contra puntos estratégicos en Caracas, La Guaira, Aragua y Miranda. La detención confirmada por Washington de Maduro y su esposa, Cilia Flores, ha fracturado la sensación de normalidad, impulsando a la población a buscar refugio en el abastecimiento doméstico.
Mientras los cuerpos de seguridad locales mantienen patrullajes preventivos, el sector comercial de Maracaibo opera bajo una vigilancia extrema, intentando gestionar un inventario que disminuye a ritmo acelerado ante la mirada de una ciudadanía que intenta, de forma desesperada, asegurar su subsistencia básica.
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