
El Proyecto Oso Andino Guaramacal registra el avistamiento de una hembra con su cría en zonas recuperadas del Parque Nacional General Cruz Carrillo, marcando un hito en la conservación ambiental de Venezuela.
Un hallazgo que celebra la vida silvestre
En el marco del Día internacional para la conservación de los osos del mundo, el estado Trujillo se convierte en el epicentro de una noticia esperanzadora para la biodiversidad suramericana. El Proyecto Oso Andino Guaramacal ha reportado un avance crítico en sus labores de monitoreo: la detección fehaciente de una hembra acompañada por su cachorro en áreas del Parque Nacional General Cruz Carrillo, específicamente en zonas que hasta hace poco se consideraban degradadas.
Marcos Hidalgo, biólogo y presidente de la Fundación Oso Andino Guaramacal, explicó que este hallazgo no es fortuito. Tras 14 años de una labor de campo ininterrumpida, el equipo logró identificar rastros frescos y evidencias directas de una madre cuidando a su cría en las inmediaciones de los «encames» o nidos naturales de la zona. Este evento confirma que el ecosistema no solo alberga individuos aislados, sino que posee la salud suficiente para permitir el ciclo reproductivo de la especie.
La recuperación del hábitat como pilar del éxito
El oso frontino, único representante de la familia de los úrsidos en América del Sur, habita la cordillera de los Andes desde Venezuela hasta Bolivia. Sin embargo, su supervivencia pende de un hilo debido a la fragmentación de sus corredores biológicos. En este contexto, el Parque Nacional Guaramacal surge como un bastión de resistencia y un modelo de gestión ambiental que ha logrado revertir daños históricos.
Hidalgo enfatiza que el parque presenta hoy una integridad ecológica cercana al 97%. Este logro es el resultado de décadas de esfuerzo institucional y comunitario. Antiguos potreros y terrenos dedicados al pastoreo extensivo han experimentado un proceso de sucesión natural, recuperando la vegetación original del páramo. Esta regeneración ha sido posible gracias a la visión de figuras como Amilcar Cobo y el cuerpo de guardaparques, quienes trabajaron para eliminar presiones humanas y devolverle la funcionalidad hídrica y biológica a la montaña.
Educación y coexistencia comunitaria
Para los investigadores, la conservación del oso frontino va mucho más allá de la vigilancia técnica; se trata de un cambio cultural en las poblaciones rurales que colindan con su hábitat. La Fundación Oso Andino Guaramacal enfoca sus esfuerzos en la educación ambiental como la herramienta definitiva para garantizar que este cachorro avistado llegue a la edad adulta sin amenazas humanas.
Bajo la premisa de que «lo que no se conoce no se protege», la fundación desarrolla programas de sensibilización en las escuelas locales y asambleas comunitarias. El objetivo es mitigar el conflicto entre humanos y fauna silvestre, promoviendo la coexistencia pacífica. Para Hidalgo, este nuevo integrante de la población de osos es un símbolo de que el ser humano puede retroceder para dejar espacio a la naturaleza, permitiendo que especies míticas sigan recorriendo las cumbres venezolanas.
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