
Tras registrarse casi un millón de nuevos casos en 2022, expertos prevén una escalada en la incidencia mundial. La bacteria Helicobacter pylori, presente en el 50 % de la población, se consolida como el principal detonante. La ausencia de síntomas iniciales en los portadores facilita el desarrollo de patologías crónicas graves.
La comunidad médica internacional ha encendido las alarmas ante las nuevas proyecciones sobre la incidencia del cáncer de estómago. Tras un 2022 que cerró con aproximadamente 968.784 nuevos diagnósticos a nivel global, los investigadores advierten que la persistencia de factores de riesgo bacterianos podría disparar estas cifras en las próximas décadas.
El enemigo invisible en el sistema digestivo El eje central de esta preocupación radica en la propagación de la Helicobacter pylori. Este microorganismo, capaz de colonizar el epitelio gástrico humano, afecta actualmente a cerca de la mitad de los habitantes del planeta. El mayor peligro reside en su naturaleza asintomática: millones de personas portan la bacteria sin experimentar malestar, permitiendo que una infección crónica evolucione silenciosamente hacia lesiones cancerígenas.
Hallazgos científicos recientes Un análisis exhaustivo publicado recientemente en la prestigiosa revista Nature Medicine corrobora esta tendencia. El estudio sugiere que, de no mediar una intervención masiva en salud pública, la persistencia de la bacteria en amplios sectores demográficos provocará un crecimiento sostenido de los tumores gástricos.
La investigación enfatiza que el cáncer de estómago no es una fatalidad inevitable, sino que en gran medida es una consecuencia tratable si se aborda la infección por H. pylori de manera temprana.
Hacia una cultura de prevención Ante este panorama, los especialistas de la salud refuerzan el llamado a realizar jornadas de tamizaje y a no subestimar síntomas gástricos recurrentes. El reto para los sistemas sanitarios en los próximos años será:
Aumentar la concienciación sobre la relación entre la bacteria y el cáncer.
Facilitar el acceso a pruebas de aliento o endoscopias diagnósticas.
Garantizar tratamientos de erradicación efectivos mediante antibióticos para prevenir la cronicidad.
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