¿Su esposo está más delgado? Cuidado, ¡cuernos a la vista!

Publicado el 16 de julio de 2013

infidelidad

Aunque algunos investigadores parecen poner en duda la influencia del sexo en el adelgazamiento, al parecer nadie refuta el papel que las relaciones extramaritales tienen en la pérdida de peso de los adúlteros.

Según una encuesta realizada en el Reino Unido, ser infiel puede ser una útil -aunque inmoral- herramienta para perder esos kilos que sobran. Sin embargo, lo que no aclara este estudio es si ésta pérdida de peso se debe a los quebraderos de cabeza que proporcionan una doble relación amorosa o si está originada por otras actividades más físicas.

La encuesta reveló que las mujeres infieles pierden mucho más peso que los hombres, ya que mientras éstos perdían seis libras (2,7 kilogramos), las mujeres llegaban a pesar diez libras menos (cuatro kilos y medio). Por supuesto, dichos resultados deben tomarse con precaución, ya que, aparte de las implicaciones éticas de la infidelidad, las razones que pueden causar este adelgazamiento no son nada saludables.

Lea a continuación el texto completo publicado por El Confidencial:

Como buena actividad física intensa que es, practicar sexo provoca la pérdida de peso, o al menos eso dice la tesis más popularmente compartida. Los estudios suelen apuntar a que se pierden entre 100 y 300 calorías por cada sesión de media hora, una teoría bastante extendida.

Sin embargo, el New England Journal of Medicine ha publicado recientemente un informe en el que pone en tela de juicio tal afirmación, e indica que la cantidad de calorías que se queman no es superior a las 3,5 en cada acto sexual. Desde luego, una cifra muy lejana a la defendida hasta la fecha, por lo que probablemente esta no sea la razón principal de la pérdida de peso de los adúlteros.

Dejando aparte explicaciones puramente físicas, lo que la mayor parte de psicólogos han aducido históricamente para explicar los cambios en la persona infiel, y que se producen a niveles muy diferentes, es que originan una serie de cambios conductuales que generalmente implican la pérdida de peso.

El estrés es común a todos ellos, a pesar de que aparentemente una infidelidad estaría ocasionada por la búsqueda del placer. Para empezar, una relación extramatrimonial implica que debemos mentir a nuestra pareja (salvo que esta sea extremadamente liberal) y ocultarle información, así como compatibilizar agendas y emociones.

Como han puesto de manifiesto diversos estudios, como el realizado en 2012 por un grupo de científicos de la Universidad de Nôtre Dame encabezados por Anita Kelly, mentir provoca que se liberen de manera inconsciente hormonas del estrés que, a su vez, hacen que el corazón lata a más velocidad, que la respiración se acelere, que la digestión se ralentice y que los niveles de serotonina aumenten.

Todo ello contribuye a la quema de calorías. Además, también cambia nuestra organización del tiempo. En algunos casos, los infieles han de saltar una comida para poder encontrarse con su amada (o amado), o encajar en su agenda dicho encuentro, lo que provoca que se coma más rápido o menos, o que se pase menos por casa, donde la comida siempre será más abundante y sana que picoteando algo entre horas.

También el comportamiento manipulador, directamente relacionado con las relaciones adúlteras, puede causar estrés. Al mantenernos mucho más alerta para hacer encajar los relatos que ofrecemos a unos y a otros, el desgaste psicológico es sensiblemente superior.

Como señalan los responsables del estudio, “tener un affaire puede provocar un importante estímulo psicológico. Todos sabemos que cuando somos infelices tendemos a comer más y de forma menos saludable”, lo que conduce al engorde, una visión inocentemente positiva de las consecuencias de las infidelidades. Para afirmar tal cosa, hay quienes identifican felicidad e infidelidad, pero la experiencia ha demostrado que no suele ser lo más frecuente.

Agencias

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