
Con más de 4.400 fallecidos confirmados tras los terremotos del 24 de junio, los equipos de ayuda humanitaria y UNICEF alertan sobre las graves secuelas psicológicas y la vulnerabilidad extrema que enfrentan los menores en los refugios temporales.
A medida que avanzan las complejas operaciones de recuperación en el país tras los devastadores terremotos del pasado 24 de junio, una de las realidades más complejas se centra en la población infantil. Miles de niños que lograron sobrevivir a la catástrofe enfrentan hoy un escenario de extrema vulnerabilidad, lidiando con la pérdida de sus padres, familiares cercanos, sus hogares y la desestructuración total de su cotidianidad.
El doble sismo, que de acuerdo con los balances oficiales ha dejado un trágico saldo de 4.490 decesos y más de 16.000 heridos, ha marcado profundamente a los menores de edad. Portavoces de diversas agencias humanitarias, entre ellas el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), han manifestado su preocupación por el estado emocional de la niñez en las zonas afectadas, reportando cuadros severos de ansiedad, insomnio y traumas derivados de la experiencia del colapso.
«Lo que vemos son niños y niñas con miedo en la noche, que no pueden dormir, con traumas que necesitan ser atendidos», detalló una delegada de UNICEF, haciendo hincapié en la urgencia de establecer programas de acompañamiento psicológico que les devuelvan espacios seguros de desarrollo y contención afectiva. Como respuesta inmediata, las brigadas de auxilio han estructurado dinámicas recreativas y de apoyo psicosocial en los campamentos temporales para canalizar el estrés postraumático a través del juego.
La realidad de los refugios alberga testimonios de dolor y carencia, pero también de resiliencia. Génesis, una madre albergada junto a sus tres hijos de 5, 6 y 7 años, relata cómo el sismo les arrebató a la abuela y a la tía de los pequeños. Al ser consultados sobre sus necesidades prioritarias dentro del albergue, uno de los niños resumió su anhelo con inocencia: «Nos faltan juguetes».
En contraste, la tragedia también ha dado paso a milagros de supervivencia. Fabiana, una menor de 12 años, conmovió a los equipos de rescate tras ser extraída con vida luego de pasar 32 horas confinada bajo las ruinas de su edificio en el estado La Guaira. La adolescente se encontraba sola en su apartamento al momento del temblor y resistió en la oscuridad absoluta hasta percibir las labores de búsqueda. «Después de 32 horas mirando el techo que tenía en mi cara, empecé a escuchar mi nombre a lo lejos. Lloré de felicidad porque me iban a sacar», rememoró Fabiana, quien envió un mensaje de aliento a la nación pidiendo a los afectados «nunca apagar su sonrisa».
Hasta la fecha, el Ejecutivo nacional reporta que más de 120.000 familias han recibido asistencia integral de emergencia. Sin embargo, la presión sobre los campamentos provisionales de Caracas, Miranda y La Guaira —el epicentro del desastre— sigue en aumento. Con más de 1.200 réplicas registradas desde el evento principal, la cifra de personas que perdieron sus viviendas se ubica preliminarmente en 18.000, un indicador que los equipos de ingeniería civil estiman continuará elevándose a medida que se completen las evaluaciones técnicas de los inmuebles comprometidos.
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