
Un incendio subterráneo alimentado por mantos de carbón y fallas geológicas mantiene en alerta a la comunidad de La Lomita tras recientes sismos.
La corteza terrestre en el estado Táchira ha comenzado a manifestar un fenómeno geológico de alta peligrosidad. En el caserío La Lomita, ubicado en la aldea Machado del municipio Sucre, el subsuelo ha entrado en combustión espontánea. Este evento, que mantiene en vilo a la población local, ocurre tras una serie de sismos recientes que fracturaron el terreno y permitieron el contacto del oxígeno con mantos carboníferos poco profundos.
El origen del fuego bajo la tierra
El periodista Ángel Escalante reportó que la situación inició con pequeñas grietas superficiales que, en cuestión de días, comenzaron a emanar fuego, columnas de humo negro y gases a altas temperaturas. El proceso físico-químico detrás de esta emergencia se debe a la presencia de vetas de carbón mineral someras. Al abrirse el suelo por la actividad sísmica, el aire exterior penetró en las fallas, actuando como un comburente que encendió el mineral atrapado en el subsuelo. Este fenómeno quema la tierra de adentro hacia afuera, de manera constante e incontrolable por medios convencionales.
Riesgo inminente de colapso y gases tóxicos
La gravedad de esta anomalía radica en la incertidumbre sobre la profundidad de las fracturas y la extensión real del incendio interno. A medida que el carbón se consume, se generan cavernas vacías bajo la superficie, lo que incrementa exponencialmente el peligro de hundimientos repentinos y colapsos estructurales del terreno. Además, la constante expulsión de gases ácidos y monóxido de carbono representa una amenaza directa para la salud respiratoria de las familias que habitan en los sectores adyacentes a La Lomita.
Clamor comunitario por intervención técnica
Ante este escenario de extrema vulnerabilidad, los preocupados habitantes del municipio Sucre exigen la presencia inmediata de ingenieros geólogos, personal técnico de Protección Civil y autoridades ambientales. La comunidad requiere con urgencia estudios especializados de termografía, una delimitación exacta del área de riesgo y la ejecución de un plan de mitigación efectivo. El temor colectivo aumenta porque la inacción institucional frente a estas anomalías geológicas suele derivar en desastres socioambientales irreversibles, poniendo en peligro inminente vidas humanas e infraestructura. El tiempo corre en contra de una población desprotegida que solo observa cómo su propio suelo se desintegra lentamente bajo el efecto de un fuego invisible.
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