
El pasado 1 de noviembre, la Transversal del Carare, una arteria vial vital que conecta a Santander con Boyacá y la costa Caribe de Colombia, colapsó dramáticamente debido a una significativa y activa falla geológica. Las impresionantes imágenes de la carretera, partida y hundida por enormes grietas, se han viralizado, revelando la magnitud de un desastre que ha generado una grave crisis de infraestructura y un clamor humanitario en la región.
La Tierra cede: Detalles del movimiento en masa
El evento ha sido clasificado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) como un masivo «movimiento en masa». Según su informe, la falla ha afectado aproximadamente tres kilómetros de la carretera en el sector de Vélez, extendiéndose a lo largo de unas 258 hectáreas (otras fuentes sugieren hasta 300 ha) a la altura de los kilómetros 27, 28 y 29. El colapso ha dejado la calzada totalmente destruida, con profundos cráteres que hacen imposible el tránsito.
Una comisión técnica de la UNGRD y el Instituto Nacional de Vías (Invías) acudió a la zona para evaluar la emergencia. La situación es crítica: Invías ha advertido que el movimiento de tierra continúa activo, y expertos estiman que el restablecimiento total de la vía podría tardar al menos tres meses, un pronóstico que agrava la incertidumbre económica.
Incomunicación y desesperación en el Carare
La pérdida de este corredor vial estratégico no solo impacta la conectividad nacional, sino que ha estrangulado la vida de las comunidades locales. El alcalde del municipio de Vélez, Orlando Ariza, ha ofrecido un balance desolador de las afectaciones, haciendo un llamado urgente al Gobierno Nacional:
98 familias afectadas y en riesgo, muchas de las cuales han tenido que ser reubicadas.
11 viviendas con pérdida total.
Más de 25 centros poblados y veredas incomunicadas, incluyendo Zarandas y La Helida.
«El acceso es imposible, se requiere el apoyo y ayuda para las familias. Hay muchas zonas en riesgo», detalló el alcalde Ariza. La crisis es humanitaria y económica: la región del Carare es una importante despensa agrícola y ganadera, y el cierre de la vía está generando pérdidas millonarias a diario. Campesinos han reportado la pérdida de ganado y cosechas, y temen por la falta de suministro de combustible y alimentos básicos.
Mientras las autoridades analizan vías alternas y anuncian la instalación de un Puesto de Mando Unificado (PMU) para monitorear el deslizamiento, los habitantes exigen soluciones efectivas e inversión en un corredor vial que, según denuncian, llevaba años solicitando obras de contención y mantenimiento. El derrumbe en la Transversal del Carare es un dramático recordatorio de la vulnerabilidad de la infraestructura nacional ante la inestabilidad geológica y las persistentes lluvias en Santander.
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