
Un tribunal de Utah concedió la libertad condicional a Douglas Stewart Carter tras confirmar que el material genético hallado en la escena del crimen de 1985 no coincide con el suyo, dejando al descubierto décadas de irregularidades procesales y coacción policial.
Douglas Stewart Carter, de 71 años, abandonó el corredor de la muerte tras pasar más de cuatro décadas privado de su libertad por un crimen que no cometió. Un tribunal del estado de Utah le otorgó la libertad bajo fianza luego de que los análisis de ADN practicados a las pruebas del asesinato de Eva Olesen, ocurrido en la ciudad de Provo en 1985, descartaran definitivamente su presencia en la escena.
El peso de la evidencia genética
Los nuevos perfiles genéticos obtenidos de la sangre recuperada en el pomo de una puerta y del material biológico presente en el cuchillo utilizado en el ataque demostraron que Carter no tuvo participación en el homicidio. En el juicio original de 1980, el acusado fue condenado a la pena capital sin que existiera una sola prueba física que lo vinculara con el hecho, sustentando el veredicto únicamente en testimonios cuestionables y en una declaración firmada bajo coacción.
Irregularidades y mala praxis en la investigación
La revisión exhaustiva del expediente sacó a la luz graves faltas del proceso judicial. Entre las irregularidades destacan la ocultación deliberada de evidencias que señalaban al esposo de la víctima como sospechoso y el pago de sobornos a testigos clave por parte de las autoridades investigadoras. El Tribunal Supremo de Utah ya había anulado la condena previa el año pasado tras constatar la mala praxis durante los interrogatorios y la custodia de pruebas.
»Si el estado de Utah se hubiera salido con la suya, lo habrían ejecutado hace 15 o 20 años, antes de que descubriéramos la conducta indebida», declaró categóricamente Neal Hamilton, abogado defensor de Carter, al evaluar las fallas del sistema judicial.
Resistencia familiar y futuro procesal
A pesar de las evidencias científicas presentadas por los laboratorios, la familia de la víctima manifestó su oposición a la excarcelación. «Esperábamos una coincidencia definitiva; eso no significa que no estuviera allí», argumentó Theresa Olesen, nuera de Eva Olesen, durante la audiencia celebrada ante el juez.
Actualmente, Carter permanece bajo supervisión mediante un dispositivo de monitoreo electrónico mientras la fiscalía determina si retirará los cargos de forma definitiva o si intentará iniciar un nuevo juicio con las pocas herramientas que le quedan.
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