
El buzo yekuana Melvin Asiza localizó los restos de la menor a treinta metros de profundidad tras casi un mes de labores.
Un hallazgo que cierra semanas de angustia
Tras 27 días de incertidumbre y una movilización civil sin precedentes, este viernes se confirmó la recuperación del cuerpo de Salomé Castaño Beltrán. La niña de 11 años, cuya desaparición en las aguas del río Cataniapo mantuvo en vilo al estado Amazonas, fue finalmente localizada en una zona de difícil acceso conocida como el sector del balneario Culebra.
El operativo, que combinó el conocimiento ancestral de las comunidades indígenas con el soporte técnico de los organismos del estado, culminó en un punto crítico del caudal. Los restos de la menor se encontraban atrapados en una caverna subacuática a más de 30 metros de profundidad, un entorno de corrientes peligrosas y visibilidad nula que había dificultado los intentos previos de rescate.
La hazaña del buzo Melvin Asiza
La fase final de la operación recayó sobre la valentía de Melvin Asiza, un buzo de 33 años perteneciente al pueblo Yekuana. En un acto que los presentes han calificado de heroico, Asiza arriesgó su propia integridad física al descender a las profundidades del Orinoco sin el equipo industrial que tales cotas suelen requerir, confiando en su experiencia y conocimiento del río.
El buzo logró sortear las formaciones rocosas sumergidas hasta dar con el paradero de la adolescente. Esta acción puso fin a casi un mes de inmersiones fallidas y permitió que la familia de Salomé pudiera iniciar el proceso de duelo con la recuperación de sus restos. La labor de Melvin Asiza ha sido reconocida por los cuerpos de seguridad como un factor determinante para el éxito de la misión.
Unión de pueblos indígenas y autoridades
Este rescate no fue un esfuerzo aislado, sino el resultado de una unión histórica entre diferentes sectores. El hallazgo fue posible gracias al trabajo incansable de voluntarios de los pueblos Yekuana, Huòttöją y Curripaco, quienes aportaron su sabiduría sobre el comportamiento de las aguas. Estos grupos trabajaron codo a codo con funcionarios de Protección Civil y el cuerpo de Bomberos.
Es importante destacar la presencia constante de Rubén Castaño, padre de la menor, quien participó activamente en cada jornada de rastreo. La persistencia de los voluntarios indígenas, acostumbrados a los desafíos de la cuenca del Orinoco, permitió mapear zonas del río que inicialmente se consideraban inalcanzables para los equipos de rescate convencionales.
El cierre de una labor humanitaria
La recuperación de Salomé Castaño Beltrán deja una profunda huella en la comunidad de Amazonas. Durante los 27 días que duró la búsqueda, la solidaridad se manifestó en el suministro de recursos y apoyo logístico para los buzos y rescatistas. El cuerpo fue trasladado siguiendo los protocolos legales correspondientes para su posterior sepelio.
Las autoridades locales han aprovechado este momento de cierre para agradecer la colaboración de los pueblos indígenas, cuya intervención fue la clave para resolver un caso que se tornaba más complejo con el paso de las corrientes. La valentía de hombres como Melvin Asiza queda registrada como un testimonio de entrega ante la tragedia de una familia venezolana.
www.diariorepublica.com



