
La muerte del reconocido estilista Kevin Alzamora bajo la modalidad del «pepeo» en Lima ha dado un giro inesperado tras la liberación de los principales sospechosos por presunta falta de pruebas. Entre los implicados destaca el ciudadano venezolano Alexander Rosales, quien conducía el vehículo de transporte, y Juan Carlos Córdoba Rodríguez, señalados por la familia de la víctima como responsables de administrar sustancias letales al joven a la salida de una discoteca en Miraflores
La comunidad de Miraflores se encuentra conmocionada tras el trágico fallecimiento de Kevin Alzamora, un estilista cuya vida fue segada tras una noche de esparcimiento que terminó en un presunto caso de envenenamiento por sustancias ilícitas. La madre del joven ha denunciado públicamente que los hombres capturados en relación con el incidente han sido puestos en libertad este jueves, argumentando que las autoridades no hallaron evidencias suficientes para mantenerlos bajo custodia. Esta situación ha generado un profundo malestar, ya que los familiares sostienen que existen indicios claros de que el joven fue víctima de la peligrosa modalidad delictiva conocida como «pepeo», diseñada para dopar a las personas y despojarlas de sus pertenencias.
En el centro de la controversia se encuentra el ciudadano venezolano Alexander Rosales, quien se desempeñaba como conductor el día de los hechos. Rosales ha rechazado tajantemente cualquier vinculación directa con el fallecimiento, afirmando que su participación se limitó exclusivamente a brindar un servicio de transporte al otro implicado, Juan Carlos Córdoba Rodríguez. Por su parte, Córdoba Rodríguez, de 42 años, también ha negado las acusaciones en su contra, alegando que se dedica a la venta de agua y que la intervención policial no se realizó bajo los parámetros legales correspondientes, lo que eventualmente facilitó su salida en libertad.
A pesar de estas declaraciones, las investigaciones preliminares de la Policía Nacional del Perú cuentan con material audiovisual de las cámaras de seguridad de la zona. En las grabaciones se observa el momento exacto en que un sospechoso intercambia botellas con la víctima, una prueba que refuerza la hipótesis de que la bebida consumida por Alzamora fue adulterada con químicos letales. Estos registros son piezas fundamentales en el rompecabezas judicial, mientras se esperan los resultados finales de los análisis médicos y toxicológicos que determinen con exactitud la naturaleza de la sustancia ingerida por el estilista de forma involuntaria.
Este caso ha reavivado el debate sobre la seguridad urbana y la vigilancia en los sectores de entretenimiento nocturno en la capital peruana, donde la ciudadanía exige medidas más severas contra las bandas dedicadas al dopaje de personas. Mientras la investigación permanece abierta, el foco de la opinión pública se mantiene sobre el taxista venezolano y su acompañante, cuya situación legal sigue bajo escrutinio nacional. La familia de Kevin Alzamora asegura que no descansará hasta que los tribunales revisen las pruebas existentes y se garantice que este tipo de crímenes violentos no pasen a formar parte de las estadísticas de impunidad en el país.
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