
La Fundación El Zulia Recicla convierte basura en mobiliario educativo con innovación y compromiso
La Fundación El Zulia Recicla se ha consolidado como un faro de innovación y compromiso ambiental en Venezuela, demostrando con pasión y creatividad que los desechos sólidos son, en realidad, valiosos recursos. Su misión, anclada en los valores de Reeducar, Repensar, Reconocer, Conservar y Preservar, trasciende la simple recolección para elevar la calidad de vida mediante la sensibilización y la reutilización.
Este noble proyecto, que germinó en 2018 con una idea del joven José Antonio Bracho y sus compañeros del Colegio Rosmini, ha florecido hasta convertirse en una sólida iniciativa liderada por un equipo central de 10 personas. Al frente se encuentran el ingeniero químico y profesor de LUZ, Nicolino Bracho, y la arquitecta y profesora de la URU, Grisel Mercadante, quienes han puesto la academia al servicio de la ecología.
De basura a mobiliario: La magia de la termodifusión
El corazón de la fundación late en la fabricación de pupitres y otros mobiliarios a partir de plástico reciclado, principalmente polietileno. Este proceso de transformación, denominado termodifusión, es un arte meticuloso:
Preparación y clasificación: El material se muele con apoyo de aliados comerciales y luego se clasifica cuidadosamente por color.
Elaboración de Láminas: El plástico molido se esparce uniformemente sobre una bandeja tratada para evitar adherencias.
Fusión crucial: La bandeja se introduce en un horno a una temperatura de 240 grados C y 280 grados C durante 45 minutos a una hora. Cada plancha se establece con un peso de 7,5 kilogramos, suficiente para restaurar dos pupitres.
Enfriamiento vital: Un proceso de enfriamiento de una hora es esencial; retirarla prematuramente resultaría en una lámina deformada.
Para dar forma a los productos, se utilizan herramientas de carpintería tradicional (pues la prueba con láser resultó infructuosa) y un router de corte con fresadora, asegurando la precisión de los moldes.
Un sueño que exige más espacio
Aunque la materialización de los pupitres comenzó en junio de 2025, gracias al patrocinio fundamental de la Embajada de Francia –que costeó la única plancha de la que disponen– la producción es notable. A pesar de esta limitación, la Fundación logra elaborar cuatro láminas diarias, lo que se traduce en la restauración de ocho pupitres por día.
El equipo aspira a que «cada aula tenga una sala de innovación», un objetivo que va más allá de un monopolio, buscando el desarrollo sostenible. La arquitecta Mercadante impulsa la migración hacia la venta directa del producto final para asegurar la perdurabilidad del proyecto.
La sostenibilidad actual se cimienta en una sólida alianza estratégica con el sector privado, que incluye a Shell de Venezuela, Coca-Cola, Selva y la Embajada de Francia. Este apoyo se traduce en financiamiento directo que cubre gastos operativos, movilización, personal y, crucialmente, la adquisición de equipos esenciales. En paralelo, la Fundación está inmersa en la formulación de una vital Ordenanza de Residuos Municipales para Maracaibo.
El impacto del proyecto ha superado las expectativas, siendo reportado por medios como Noticia al Día. Su centro de acopio actual, un galpón prestado, resulta insuficiente ante el volumen de recolección. En este espacio, clasifican meticulosamente desde cartón y papel, hasta diversos plásticos, e incluso convierten botellones de agua en viveros. Esta labor, que también incluye la creación de bisutería termofundida y jabones artesanales con aceite usado, clama por un espacio de al menos 2.000 metros cuadrados para satisfacer la creciente demanda.
La Fundación El Zulia Recicla no solo transforma basura en mobiliario; está reescribiendo la historia ambiental y social de una región, demostrando con cada pupitre que es posible construir un futuro más verde a través de la pasión, la innovación y el amor por el ambiente.
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