Gabriel García Márquez no podrá despedirse de su entrañable amigo Álvaro Mutis

Publicado el 23 de septiembre de 2013

GABO MUTIS

El nobel colombiano Gabriel García Márquez no pudo decirle adiós a su entrañable amigo Álvaro Mutis porque su muerte lo ha sorprendido fuera de México, el país que ambos convirtieron en su hogar hace ya muchas décadas.
La esposa del autor de “Cien años de soledad”, Mercedes Barcha, acudió este lunes a la funeraria donde son velados los retos de Mutis sin hacer declaraciones, pero “Gabo” no asistió porque “no está en México”, dijo su asistente Mónica Alonso.

Desde la funeraria, el presidente de Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Rafael Tovar y de Teresa, declaró a los periodistas que ambos “están muy afectados” por la muerte de Mutis.
“Es una amistad de toda una vida”. Tuvieron “carreras y vidas paralelas, familias unidas y dos parejas que fueron entrañables”, comentó el alto funcionario, quien explicó que no habló “con García Márquez, pero con su esposa sí”.

Mutis fue el culpable de que el novelista colombiano convirtiera a México en su hogar hace más de cinco décadas, cuando realizó un viaje para ver a su amigo y que estaba previsto durara apenas una semana.
“Lo que más aprecié desde siempre es su generosidad de maestro de escuela, con una vocación feroz que nunca pudo ejercer por el maldito vicio del billar. Ningún escritor que yo conozca se ocupa tanto como él de los otros, y en especial de los más jóvenes”, escribió Gabo hace dos décadas sobre su amigo.

“Los instiga a la poesía contra la voluntad de sus padres, los pervierte con libros secretos, los hipnotiza con su labia florida y los echa a rodar por el mundo, convencidos de que es posible ser poeta sin morir en el intento”, señaló.

En el prólogo de “La mansión de Araucaíma”, de Mutis, el nobel de literatura relata que su amistad comenzó a tejerse en la “Cartagena idílica de 1949” y que el poeta fue “víctima absoluta” del sistema de escritura que adoptó desde que leyó “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo.

Con la lectura de Rulfo “aprendí no sólo a escribir de otro modo, sino a tener siempre listo un cuento distinto para no contar el que estoy escribiendo”, confesó Gabo, quien dijo que ese fue el “sistema salvador” que utilizó desde que escribió “Cien Años de Soledad”.
Cuando Mutis recibió el primer borrador de la novela, “me llamó indignado: ‘Usted me ha hecho quedar como un perro con mis amigos’, me gritó. ‘Esta vaina no tiene nada que ver con lo que me había contado'”, relató Gabo.
Desde entonces se convirtió en el primer lector de sus obras. “Sus juicios son tan crudos, pero también tan razonados, que (…) no podría decir qué tanto hay de él en casi todos mis libros, pero hay mucho”.

Otro buen sustento de su amistad es que se veían muy poco y la mayoría de las veces fue viajando, lo que les permitía ocuparse de “otras cosas” y solo del uno y del otro “cuando en realidad valía la pena”, escribió.
En el prólogo, Gabo relató algunas de las aventuras que vivió con Mutis en “venganza” a la violación del pacto que habían hecho de “no hablar en público el uno del otro, ni bien ni mal, como una vacuna contra la viruela de los elogios mutuos”, y confesó “por primera vez sin falsos pudores” cuánto le admiraba y le quería.

Vía El Espectador

 

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