
El conjunto europeo igualó 1-1 ante los faraones gracias a un gol en propia puerta provocado por Romelu Lukaku.
El debut de la selección de Bélgica en el torneo mundialista no cumplió con las altas expectativas de los aficionados. Los Diablos Rojos, señalados como los grandes favoritos para liderar el Grupo G, apenas lograron salvar un empate 1-1 frente a un aguerrido combinado de Egipto. El encuentro, disputado con alta intensidad, dejó en evidencia las dificultades tácticas del conjunto europeo para romper el bloque defensivo africano y encendió las alarmas sobre su rendimiento colectivo.
Un inicio sorprendente de los faraones
Desde el pitazo inicial, el planteamiento de Egipto demostró que el equipo no pretendía ser un rival accesible. La estrategia basada en el orden defensivo y la velocidad en las transiciones dio frutos rápidamente. En el minuto 20, una genial asistencia de Mohamed Salah desmanteló la zaga belga. El astro del Liverpool habilitó con precisión a su compañero para abrir el marcador, desatando la euforia en el banquillo egipcio y obligando a los europeos a remar contracorriente desde muy temprano.
Bélgica acusó el golpe del gol en contra. Durante el resto de la primera mitad, el mediocampo belga lució lento, predecible y carente de ideas para abastecer a sus atacantes, mientras que los africanos cerraban los espacios con absoluta disciplina.
El factor Lukaku cambia el rumbo
La historia del partido dio un vuelco en la segunda mitad con la modificación del esquema belga. La entrada al terreno de juego del delantero Romelu Lukaku inyectó la potencia física y la presencia en el área que su selección tanto necesitaba. El atacante comenzó a fijar a los defensas centrales y a generar espacios que antes no existían.
La insistencia del equipo europeo encontró recompensa en el minuto 66. Tras una jugada de peligro generada por la presión del recién ingresado artillero, el defensor egipcio Mohamed Hany, sofocado por la marca y la envergadura de su rival, terminó introduciendo el balón en su propia portería.
Un punto que sabe a poco
A pesar del empuje final de los Diablos Rojos, el marcador no se volvió a mover. El pitazo final decretó un reparto de puntos que deja un sabor amargo en el banquillo belga, obligándolos a corregir errores urgentes de cara a las próximas jornadas. Por su parte, Egipto celebra un resultado histórico que mantiene abiertas sus opciones en el Grupo G.






