
El torneo más grande de la historia arranca este jueves en México bajo la sombra de un conflicto diplomático entre EE. UU. e Irán, protestas sociales en la capital mexicana, el escándalo de los «precios dinámicos» en las entradas y un riguroso control migratorio que ya expulsó a un árbitro oficial.
La espera ha terminado, pero el escenario es mucho más complejo de lo que se planificó en los despachos. Este jueves 11 de junio, a la 1:30 p.m. (hora de Venezuela), el balón comenzará a rodar en Ciudad de México y Guadalajara, marcando el inicio de la Copa del Mundo 2026. Aunque el torneo promete ser una fiesta histórica al albergar por primera vez a 48 selecciones en tres países coorganizadores, la FIFA se enfrenta a un auténtico campo de minas organizativo fuera de las canchas.
Lo que hace ocho años —cuando la candidatura norteamericana se impuso en el Congreso de la FIFA previo a Rusia 2018— se proyectaba como una máquina perfecta de generar ingresos y expandir el fútbol, hoy se topa con la realidad de una geopolítica convulsa y el descontento social.
Un laberinto diplomático y migratorio
A diferencia de ediciones anteriores como Rusia o Catar, donde la FIFA logró imponer su propia ‘burbuja’ regulatoria, las leyes de seguridad de los Estados Unidos han condicionado severamente el torneo. El presidente de la entidad, Gianni Infantino, ha tenido que hacer equilibrios políticos de alto riesgo: mantener a Irán en la competición (país en conflicto abierto con EE. UU. desde febrero) mientras agasajaba a Donald Trump con un polémico Premio de la Paz en el sorteo.
Las consecuencias de esta tensión ya se sienten en la logística:
Selección de Irán en desventaja: El «Team Melli» tuvo que mudar su cuartel general de Arizona a Tijuana (México) debido a la negativa de visados estadounidenses por vínculos con la Guardia Revolucionaria. Según denunció el embajador iraní en México, Abolfazl Pasandideh, los jugadores solo tienen permisos exprés para cruzar la frontera, jugar y regresar el mismo día, una travesía que se complicará cuando tengan que viajar más de seis horas hasta Seattle para enfrentar a Egipto.
Retenciones y expulsiones: La estrella iraquí Aymen Hussein sufrió una retención de siete horas en el aeropuerto de Chicago. Peor suerte corrió el somalí Omar Abdulkadir Artan, elegido el mejor árbitro de África en 2025; tras aterrizar en Miami, las autoridades estadounidenses le denegaron la entrada por supuestos problemas en su historial, dejándolo fuera de la cita mundialista tras 11 horas de interrogatorio.
Protestas en México y el escándalo de las entradas
El inicio del torneo tampoco será pacífico en suelo mexicano. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación mantiene un paro nacional y ha tomado los accesos clave de la capital y los alrededores del emblemático Estadio Azteca, exigiendo mejoras salariales y de pensiones.
A esto se suma el malestar global por el debut de los «precios dinámicos» en las entradas. Copiando el modelo de los grandes espectáculos estadounidenses, la FIFA ha permitido que el valor de los boletos fluctúe según la demanda. En un mercado donde la reventa es legal, los precios se han disparado astronómicamente, llegando a pedirse miles de dólares por un asiento para la gran final del 19 de junio.
El refugio del juego
A pesar del ruido exterior, el fútbol reclama su espacio. La jornada inaugural pondrá a prueba la resistencia de México en su octavo intento por ganar un partido de apertura. En el horizonte deportivo, la narrativa es inmejorable: ver si un histórico Lionel Messi consolida su leyenda eterna o si el joven prodigio español, Lamine Yamal, inicia formalmente su reclamo al trono mundial.
El balón ya rueda; la FIFA, mientras tanto, reza para que la magia del «trofeo más icónico del mundo», en palabras de Infantino, logre eclipsar una tormenta organizativa sin precedentes.
Diariorepublica.com






