
El economista que lideró la política monetaria de Estados Unidos por dos décadas fallece dejando un legado marcado por el auge de los noventa y las críticas tras la crisis financiera mundial.
El adiós al hombre que dominó Wall Street
El fallecimiento de Alan Greenspan a los 100 años marca el fin de una era para la economía global. Durante sus 19 años al frente de la Reserva Federal, una trayectoria que abarcó cinco mandatos consecutivos bajo cuatro presidentes distintos, Greenspan se consolidó como el arquitecto indiscutible de la política monetaria estadounidense. Su pericia para pilotar la economía en momentos de turbulencia le granjeó el apodo de el maestro, convirtiendo sus comparecencias públicas en eventos capaces de mover los mercados financieros internacionales con tan solo una frase ambigua.
Su carrera comenzó formalmente en el sector privado antes de dar el salto al servicio público. Tras dirigir la firma de consultoría Townsend-Greenspan, fue nombrado presidente del Consejo de asesores económicos por Gerald Ford en la década de los setenta. Sin embargo, su verdadero ascenso al poder global ocurrió en 1987, cuando Ronald Reagan lo designó para suceder a Paul Volcker al frente de la Reserva Federal, apenas unos meses antes del desplome bursátil conocido como el lunes negro.
Del milagro de los noventa a la tormenta perfecta
La gestión de Greenspan durante los años noventa es recordada como el periodo de la gran moderación. Bajo su mando, Estados Unidos experimentó uno de los ciclos de expansión económica más largos de su historia contemporánea, impulsado por el auge tecnológico y la globalización. Greenspan demostró una flexibilidad inusual al permitir que la economía creciera con fuerza sin recurrir a subidas agresivas de los tipos de interés, desafiando las teorías económicas convencionales de la época que predecían un repunte inmediato de la inflación.
No obstante, esta estrategia de dinero barato y su férrea defensa de la autorregulación de los mercados financieros sembraron las semillas de crisis posteriores. La burbuja de las empresas puntocom a principios de los dos mil y, de manera más devastadora, la burbuja inmobiliaria subsiguiente, se alimentaron de una política prolongada de tipos de interés excesivamente bajos. Los críticos argumentan que su negativa a supervisar los complejos derivados financieros dejó al sistema vulnerable.
Un legado bajo el examen de la historia
El colapso financiero global de 2008 transformó radicalmente la percepción pública y académica sobre Greenspan. En una comparecencia ante el Congreso de Estados Unidos en octubre de ese mismo año, el propio economista admitió haber cometido un error al asumir que las instituciones financieras eran capaces de protegerse a sí mismas y a sus accionistas sin intervención estatal. Aquella confesión debilitó el mito del oráculo infalible.
A pesar de las controversias que rodearon sus últimos años de actividad y su jubilación en 2006, la influencia de Greenspan en la teoría macroeconómica actual es innegable. Su enfoque pragmático y su obsesión por los datos estadísticos redefinieron las herramientas de los bancos centrales modernos. La historia económica recordará a Alan Greenspan no solo como el funcionario que consolidó la supremacía del dólar a finales del siglo veinte, sino también como el hombre cuyo dogma desregulador demostró los límites del libre mercado absoluto.
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