
Ante la posible apertura de mercados, el dirigente empresarial advierte sobre la necesidad de implementar políticas de fortalecimiento interno para evitar que la industria nacional pierda terreno frente a la competencia extranjera.
El panorama económico actual exige una revisión profunda de las capacidades competitivas del sector privado en el país. Ricardo Cusanno, referente del ámbito empresarial, ha manifestado su preocupación por el futuro de la producción local si no se establecen condiciones de equilibrio frente al desembarco de capitales internacionales. Según el empresario, el desafío inmediato no es solo atraer inversión, sino garantizar que la empresa venezolana no sea desplazada de forma irreversible por estructuras corporativas globales que poseen mayores ventajas financieras y tecnológicas.
La necesidad de mecanismos de protección estatal
Para Cusanno, la competencia es un síntoma de salud económica, pero esta debe darse bajo un marco de justicia y equidad. En este sentido, instó a los organismos competentes a diseñar herramientas legales y financieras que sirvan como escudo para los productores locales. No se trata de cerrar las fronteras al capital extranjero, sino de fortalecer el tejido industrial propio para que pueda coexistir y competir con las trasnacionales que decidan operar en el territorio.
El fortalecimiento del empresariado local pasa por una revisión de los costos operativos y el acceso al crédito. Sin una banca nacional robusta que financie la innovación y el mantenimiento de las plantas locales, las compañías venezolanas se enfrentan a una lucha desigual. El empresario subraya que, si no se corrigen estas asimetrías, el riesgo de que la industria nacional sea «arrasada» es una posibilidad latente que afectaría no solo a los dueños de negocios, sino a miles de puestos de trabajo directos.
Hacia un modelo de competitividad real
La propuesta de Ricardo Cusanno se centra en un modelo de desarrollo donde la empresa venezolana sea el eje central. Esto implica que las trasnacionales que ingresen al mercado deban hacerlo bajo esquemas que fomenten la transferencia de tecnología y la contratación de servicios locales. De esta manera, el ingreso de nuevas marcas no significaría el fin de las tradicionales, sino un incentivo para la modernización del parque industrial.
Finalmente, el dirigente recordó que la resiliencia del sector privado ha sido la clave para mantener la economía a flote en años recientes. Por ello, considera vital que el diálogo entre el sector público y privado se traduzca en políticas arancelarias y tributarias que no castiguen al productor interno. El objetivo final es alcanzar un equilibrio donde la marca venezolana sea sinónimo de calidad y resistencia, capaz de mirar de frente a cualquier competidor global sin temor a desaparecer del mapa comercial.
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