
El primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela, Diosdado Cabello, se refirió recientemente a la posibilidad de una reapertura de las sedes diplomáticas entre Venezuela y Estados Unidos. Según el dirigente, cualquier acercamiento en materia consular o diplomática tiene como objetivo central fortalecer la seguridad institucional del país y, específicamente, garantizar la protección del presidente Nicolás Maduro frente a las presiones externas que han marcado la agenda bilateral en los últimos años.
Un cambio de estrategia en el panorama diplomático actual
La postura de Cabello sugiere un giro en la retórica oficialista. Mientras que en años anteriores la narrativa se centraba exclusivamente en el rechazo a la injerencia, ahora se plantea que el restablecimiento de canales directos de comunicación podría servir como un mecanismo de defensa. El dirigente enfatizó que la presencia de funcionarios acreditados permitiría una interlocución formal que reduciría los márgenes de maniobra para operaciones que el gobierno venezolano califica como desestabilizadoras.
Esta potencial normalización no implica, según el discurso oficial, una claudicación en las posturas ideológicas del chavismo. Por el contrario, se presenta como una jugada táctica para obligar a Washington a reconocer la legitimidad del Ejecutivo nacional en el terreno de los hechos, utilizando la infraestructura diplomática como un escudo de reconocimiento político y seguridad jurídica en el ámbito internacional.
Antecedentes de la ruptura y la situación en Baruta
Es importante recordar que la embajada estadounidense, situada en el sector de Baruta, en el distrito metropolitano de Caracas, cerró sus puertas en 2019. Esta medida se tomó después de que el propio Maduro declarara rotas las relaciones bilaterales, tras el reconocimiento de Estados Unidos a un gobierno interino opositor. Desde aquel momento, el imponente edificio en Caracas ha permanecido inoperante, convirtiéndose en un símbolo del aislamiento diplomático entre ambas naciones.
El cierre no solo afectó los trámites de visado para miles de ciudadanos, sino que eliminó el canal de comunicación directa que históricamente existía entre Miraflores y el Departamento de Estado. Esta ausencia de puentes oficiales ha sido señalada por diversos analistas como un factor que incrementó la incertidumbre económica y política en el país suramericano durante el último lustro.
La gestión desde Bogotá y el futuro incierto
Desde la ruptura, Washington ha gestionado todos los asuntos relacionados con el país petrolero a través de su Oficina Externa de EE.UU. para Venezuela, la cual opera desde la embajada estadounidense en Bogotá, Colombia. Esta sede remota ha servido para coordinar sanciones, programas de ayuda humanitaria y el contacto con los sectores de la oposición venezolana.
No obstante, las declaraciones de Cabello indican que el oficialismo ve ahora una oportunidad para trasladar ese eje de acción nuevamente a Caracas. La posibilidad de que los funcionarios estadounidenses regresen a suelo venezolano representaría un cambio significativo en la geopolítica regional, marcando quizás el inicio de una etapa de coexistencia pragmática basada en la seguridad mutua y la estabilidad del suministro energético global.
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