
Con epicentro en Yaracuy pero ensañándose con Caracas y La Guaira, los sismos de magnitudes 7.2 y 7.5 dejan cerca de 2.000 fallecidos y decenas de miles de desaparecidos, mientras los rescatistas libran una carrera contrarreloj entre los escombros.
El panorama en la zona central de Venezuela es crítico tras el doble impacto telúrico registrado el pasado 24 de junio. Con una diferencia de apenas 39 segundos, la tierra se sacudió a las 6:04 p.m. con dos movimientos de magnitudes 7.2 y 7.5. Aunque el origen geológico se ubicó en el estado Yaracuy, la onda destructiva golpeó con extrema violencia a la región capital y, muy especialmente, al estado La Guaira, sumiendo a la nación en una emergencia sin precedentes.
El primer balance oficial emitido por el Ejecutivo dibuja un escenario desgarrador: se reportan cerca de 2.000 víctimas fatales, 10.571 heridos y una cifra preliminar de 50.000 personas desaparecidas. La tragedia ha transformado vecindarios enteros en hileras de ruinas y campamentos improvisados, donde miles de damnificados duermen a la intemperie o en refugios temporales tras haberlo perdido todo.
Milagros entre la tragedia: El valor del silencio
En medio del dolor, las labores de búsqueda civil y militar han dejado destellos de esperanza. En La Guaira, la zona cero del desastre, los equipos de emergencia lograron rescatar con vida a un niño de 3 años que permaneció atrapado bajo las estructuras colapsadas durante casi seis días.
Asimismo, los rescatistas concentran esfuerzos en Catia La Mar para extraer a Hernán Gil, un vigilante que fue localizado el domingo. Gil continúa recibiendo hidratación a través de los conductos de acceso mientras se remueven los bloques que lo confinan.
Nota de urgencia: En diversos sectores críticos de La Guaira, las autoridades han exigido «silencio absoluto». Este protocolo es vital para que los especialistas y las unidades caninas puedan escuchar o detectar cualquier señal de supervivencia en la profundidad de los escombros.
Colapso sanitario y civil en la capital
Por su parte, los centros de salud de Caracas operan bajo máxima presión. Los hospitales se encuentran saturados intentando estabilizar a un flujo constante de heridos graves. La crisis también ha desbordado los servicios funerarios de la capital, donde cementerios y crematorios reportan una ocupación al límite, reflejando la magnitud del drama humanitario que afronta el país.
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