
La vigésima sexta edición de los Premios Latin Grammy se celebró por todo lo alto, regresando al icónico MGM Grand Garden Arena de Las Vegas tras un intervalo de dos años en el extranjero. La gala, conducida con maestría y carisma por las estrellas latinas Maluma y Roselyn Sánchez, se consolidó como una vibrante fiesta que celebró la riqueza de géneros, generaciones y culturas de la música latina.
La gran sorpresa y uno de los puntos más álgidos de la noche fue el triunfo del puertorriqueño Bad Bunny. El «Conejo Malo», conocido por redefinir los límites del género urbano, se alzó con múltiples galardones, destacando el codiciado premio a Mejor Álbum Pop Contemporáneo en Lengua Portuguesa por su aclamado proyecto Caju. Aunque esta categoría no es típicamente suya, su incursión en sonidos más globales y colaboraciones inesperadas demostró la amplitud de su influencia y el respeto que ha ganado dentro de la Academia Latina de la Grabación. Su victoria fue un momento inesperado que subrayó la evolución constante de su arte.
Una gala marcada por la diversidad y homenajes
La ceremonia fue un despliegue de talento con actuaciones que cruzaron todo el espectro musical. El escenario vibró con la energía del reguetón de la mano de Rauw Alejandro y el propio Bad Bunny, quienes ofrecieron performances electrizantes que hicieron bailar a la audiencia.
Contrastando con la modernidad del género urbano, la Academia rindió honores a la trayectoria y el legado. La leyenda cubanoamericana Gloria Estefan subió al escenario para recordar por qué es una de las voces más influyentes de la música latina. La presencia de figuras icónicas como el «Charro» Pepe Aguilar y los Los Tigres del Norte demostró el peso de la música tradicional mexicana. Los Tigres, en particular, ofrecieron un emotivo homenaje a la comunidad migrante, un segmento que resonó profundamente en el público.
La diversidad de géneros no se limitó a los cabezas de cartel. La argentina Naty Peluso aportó su mezcla única de hip-hop, soul y jazz. El cantautor mexicano Marco Antonio Solís recordó por qué es uno de los baladistas más queridos. Y la nueva ola estuvo representada por talentos como Elena Rose, la rapera brasileña Liniker, y el dúo argentino Ca7riel & Paco Amoroso, confirmando que la música latina está en constante efervescencia y renovación.
El triunfo de Bad Bunny en una categoría inesperada, junto con la mezcla de estrellas consagradas y emergentes, convirtió a esta edición de los Latin Grammy en una de las más memorables, enviando un mensaje claro: la música latina es un universo en expansión que celebra a todos sus creadores, sin importar el género o el origen.
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