Conoce a esta periodista que renunció a un trabajo de 95 mil dólares para irse a vender helados en una isla (FOTOS+VIDEO)

Publicado el 29 de marzo de 2016

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Sí, no todo es dinero en esta vida y Nueva York, como toda gran ciudad, te hace llevar una vida sumamente competitiva. Muchos debemos pasar la mayor parte de nuestro tiempo trabajando para darnos el lujo de vivir allí. Otra desventaja de vivir entre tanta gente ambiciosa, es que a menudo están agobiados y eso termina por agobiarnos a nosotros. A veces no vemos a nuestros amigos mas cercanos por meses y el tratar de ponerse de acuerdo para encontrar un tiempo para reunirse con amigos y familiares a veces resulta más difícil que terminar la Universidad (además de que salir a un bar o restaurante resulta ser muy costoso).

Muchos nos sentimos solos mientras estamos rodeados de personas, pero ésto tiene su razón de ser, ya que parece que nos pasamos la vida mirando pantallas: computador, teléfono celular o iPad.

Ésto es justamente lo que le sucedía a Noelle Hancock (autora del libro: My Year With Eleanor), quien en su entrevista, explica que vivía con el pensamiento constante que a muchos les resultará familiar, de: “necesito unas vacaciones”. Esto era un pensamiento que no podía alejar de su mente. Como muchos, no vivía el momento; vivía por un momento indeterminado en el futuro, cuando hubiese ahorrado lo suficiente y su jefe le diera el tiempo disponible para tomar algunos días de vacaciones y realizar un viaje a algún sitio.

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Es así como sintiéndose un poco loca, publicó un mensaje en Facebook diciendo que quería mudarse al Caribe, y empezó a pedir sugerencias de hacia dónde debería ir. La hermana de un amigo le recomendó St. John, la más pequeña de las Islas Vírgenes estadounidenses. Apodada “Ciudad de Amor”. Luego de echar un vistazo por la ventana y ver como la nieve se apilaba de forma alarmante luego de una tormenta, inmediatamente comenzó a planear su viaje. Se mudaba!

Después de ver este video y el paradisíaco lugar en el que está viviendo, creo que yo también me mudo…

Cuenta que fue sorprendentemente simple deshacerse de la vida que había pasado una década construyendo: canceló el contrato de arriendo, vendió sus pertenencias y compró un billete de avión de ida únicamente. La parte más difícil fue decirle a su familia y amigos quienes pusieron el grito en el cielo. Su mamá le dijo que no podía mudarse a un lugar que ni siquiera conocía a lo que ella respondió “a veces sólo tienes que saltar y la red aparece”.

Sus padres desaprobaron completamente su decisión, viene de una familia conservadora del sur de Estados Unidos, con un alto respeto por el sueño americano: esforzarse en los estudios, conseguir un buen trabajo que te permita acceder a un buen plan de retiro, comprar una casa, tener una familia, por lo que se sorprendieron muchísimo cuando luego habiendo egresado de Yale, tomó un trabajo en una heladería local.

Ver a sus antiguos compañeros de universidad obtener varios triunfos profesionales a veces la hacen dudar sobre su decisión. Uno de sus amigos empezó una pequeña página web llamada Pinterest y otra acaba de ganar un Emmy por un show de televisión que creó. Pero ella tiene una isla, y vive en un apartamento de una recámara que mira hacia el mar desde la cima de una montaña.

Últimamente ha estado analizando el mudarse a algún lugar totalmente opuesto. “Hay tantos lugares por conocer!”, dice “Me llena de una especie de felicidad saberlo. ¿Quién sabe dónde me lleve la vida? Y qué maravilla que es no saber”, comenta.

Creen ustedes que vivir queriendo que se llegue el día sábado constantemente, y deseando que el domingo nunca acabe es vida? Creen que vivir soñando con esa única semana al año en la que puedes salir, viajar y regresar aún más endeudado es vida?

Vía lamaletademano/www.diariorepublica.com

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