
El mandatario estadounidense confirmó contactos de alto nivel con La Habana, asegurando que la isla se ve forzada a negociar al perder el sostén petrolero de Venezuela. Mientras Washington mantiene la amenaza de una intervención militar como «última opción», el gobierno de Miguel Díaz-Canel ratifica su disposición a defender la soberanía «hasta la última gota de sangre».
En un giro que combina la presión máxima con la apertura diplomática, el presidente Donald Trump afirmó este domingo 1 de febrero que su administración ha iniciado conversaciones con los «más altos cargos» de Cuba. Según el mandatario, el colapso del suministro energético tras la detención de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero ha dejado a la isla en una posición de vulnerabilidad que, a su juicio, desembocará en un acuerdo histórico.
«Creo que vamos a llegar a un acuerdo con Cuba», aseveró Trump a la prensa, calificando a la nación caribeña como una «nación en decadencia» que ya no cuenta con el respaldo de Caracas para sostener su sistema.
Entre la diplomacia y el «infierno» militar
A pesar del tono optimista sobre las negociaciones, el jefe de la Casa Blanca no ha retirado las opciones de fuerza de la mesa. En sus declaraciones, Trump dejó claro que la estrategia de Washington es integral:
Asfixia energética: El reciente decreto de aranceles contra cualquier país que suministre crudo a la isla busca acelerar el quiebre interno.
Advertencia de intervención: El mandatario llegó a sugerir que «entrar y destrozar» podría ser la alternativa final si el régimen no cede a una transición democrática, citando el éxito del operativo militar reciente en Venezuela como precedente.
Fin de la era del «protector»: Para Trump, Cuba ha perdido su valor estratégico tras el desmantelamiento de los servicios de seguridad que prestaba a la administración de Maduro.
La respuesta de La Habana: Soberanía o muerte
Desde Cuba, el presidente Miguel Díaz-Canel rechazó frontalmente las amenazas de la Casa Blanca, denunciando que el asedio de 66 años no ha logrado, ni logrará, doblegar la determinación de su pueblo.
«Cuba es una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dicta qué hacer. No amenazamos, nos preparamos, dispuestos a defender a la patria hasta la última gota de sangre», sentenció el líder cubano en respuesta a los anuncios de Trump.
Un escenario global dividido
La tensión en el Caribe ha reactivado las alarmas internacionales. Mientras potencias como Rusia y China mantienen su firme rechazo al bloqueo económico y las medidas coercitivas unilaterales, Washington confía en que el aislamiento energético forzará a los líderes cubanos a sentarse a la mesa bajo los términos estadounidenses.
El inicio de febrero marca así un punto de inflexión: o bien las negociaciones de alto nivel logran un pacto de convivencia, o la región se prepara para un recrudecimiento de la confrontación en el corazón del Caribe.
Diariorepublica.com



