
Durante la asamblea plenaria del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, el Pontífice hizo un llamado a transformar la educación religiosa en una labor de «paternidad espiritual». Subrayó que la misión eclesial debe trascender la doctrina para enfocarse en la protección activa de menores y personas vulnerables en todas las etapas de la vida.
En una audiencia clave celebrada este viernes 6 de febrero, el papa León XIV trazó las directrices para una renovación profunda en los modelos educativos de la Iglesia católica. Ante los participantes del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, el Santo Padre enfatizó que la prevención de cualquier forma de abuso debe ser el pilar central de la formación comunitaria.
El Pontífice advirtió que la Iglesia no puede limitarse a ser una transmisora de ética o doctrina técnica. En su lugar, abogó por recuperar la figura del educador como un «padre» dedicado, capaz de sacrificarse por el bienestar de sus hijos, superando la visión del mero pedagogo institucional.
Compromiso con la vulnerabilidad y la vida
Uno de los puntos más destacados de su discurso fue la exigencia de crear entornos seguros que protejan la integridad humana. León XIV fue enfático al señalar las responsabilidades actuales:
Cultura de prevención: Fomentar programas educativos que anticipen y detengan abusos contra menores y personas vulnerables.
Apoyo a las víctimas: Establecer mecanismos de acompañamiento y apoyo integral para quienes han sufrido vejaciones, integrando su experiencia como parte del aprendizaje eclesial.
Respeto a la vida: Promover una educación que valore la existencia humana en todas sus fases de desarrollo.
El «arte» de formar sin desanimarse
El papa León XIV reconoció que la labor de guía espiritual y formativa es compleja y «no improvisable», pues exige virtudes como la paciencia, la escucha activa y la evaluación constante. «El arte de la formación no es fácil», admitió, subrayando que la cercanía con quienes han vivido experiencias difíciles es vital para no repetir errores del pasado.
Finalmente, el Papa envió un mensaje de esperanza a los líderes religiosos y laicos presentes, exhortándolos a no desfallecer ante la magnitud de los retos actuales. Aseguró que, aunque los recursos puedan parecer insuficientes frente a la crisis de abusos, la Iglesia debe mantenerse firme en su entrega generosa y amorosa por las almas.
“Estamos llamados a compartir lo que experimentamos con generosidad y amor sincero… como padres que se sacrifican por el bien de sus hijos”, concluyó el Pontífice.
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