
Durante su segundo día de visita oficial, el Pontífice visitó un centro de mayores en Annaba, donde condenó la prepotencia global.
El viaje apostólico del Papa León XIV a tierras argelinas ha dejado hoy una de las imágenes más potentes de su pontificado. En la ciudad costera de Annaba, bajo un sol que empezaba a calentar las calles históricas, el obispo de Roma se alejó de los protocolos oficiales para sumergirse en la realidad de los más vulnerables. En un encuentro cargado de emotividad en un centro municipal de atención a ancianos, el líder de la Iglesia católica pronunció un discurso que resuena como una advertencia a los centros de poder internacional, reafirmando que el mensaje divino no se encuentra en la fuerza, sino en la fragilidad.
Un mensaje contra la soberbia del poder moderno
Frente a una audiencia compuesta por residentes del centro, personal sanitario y autoridades locales, el Papa León XIV fue contundente al definir la postura de la fe frente a la geopolítica actual. El pontífice aseguró que Dios no está con los malvados y los prepotentes, aquellos que utilizan el dominio y la fuerza para imponer sus voluntades, sino que su presencia es constante entre los pequeños y los humildes. Esta declaración, realizada en un país de mayoría musulmana, fue recibida como un puente de fraternidad universal que trasciende las fronteras religiosas para enfocarse en la dignidad humana esencial.
El Papa insistió en que el mundo contemporáneo sufre de una «ceguera de grandeza» que ignora a quienes no producen beneficios económicos. Según sus palabras, la verdadera sabiduría no reside en quienes acumulan armas o capitales, sino en quienes han atravesado la vida con sencillez, conservando la memoria y el respeto por los demás. Los ancianos de Annaba, muchos de ellos visiblemente emocionados, escucharon cómo el Pontífice los calificaba como «los pilares invisibles sobre los que se sostiene la paz».
La parada en Annaba como eje de la visita
La elección de Annaba para este encuentro no fue casual. Esta ciudad, antigua Hipona y hogar de San Agustín, sirve como recordatorio histórico de la convivencia entre culturas. Durante su recorrido por las instalaciones del centro de ancianos, León XIV se detuvo a conversar individualmente con varios residentes, rompiendo el esquema de seguridad para estrechar manos y ofrecer palabras de aliento en francés y árabe básico. El gesto buscaba subrayar que la Iglesia debe ser, antes que nada, un «hospital de campaña» donde los excluidos encuentren refugio.
El Pontífice también aprovechó la ocasión para agradecer al gobierno de Argelia su hospitalidad y su compromiso con el cuidado de la tercera edad. En un tono pausado pero firme, recordó que una sociedad que margina a sus mayores es una sociedad que corta sus propias raíces. La jornada concluyó con un momento de silencio compartido, donde el Papa pidió que los corazones de los poderosos se ablanden para que dejen de ver a los humildes como cifras y comiencen a verlos como hermanos.
Hacia un cierre de gira con enfoque social
Esta visita en Argelia se ha caracterizado por un perfil marcadamente social. Mientras el mundo observa las tensiones en el Mediterráneo, León XIV ha preferido hablar de la paz que se construye desde abajo. Mañana, el Papa se trasladará a la capital para reunirse con representantes de la juventud y líderes religiosos de diversas confesiones, donde se espera que profundice en la necesidad de un nuevo orden mundial basado en la solidaridad y no en la prepotencia que denunció hoy en Annaba. Con este viaje, León XIV consolida su imagen como el defensor de los que no tienen voz.
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