
El Pentágono despliega el Proyecto Libertad para escoltar buques comerciales y garantizar el suministro energético global tras meses de conflicto.
Reapertura estratégica del corredor marítimo
El gobierno de Estados Unidos confirmó que los primeros buques de bandera norteamericana han cruzado con éxito el estrecho de Ormuz bajo una estricta escolta de destructores. Esta maniobra marca el inicio de una operación logística sin precedentes diseñada para liberar a cerca de dos mil embarcaciones que permanecían varadas en el golfo Pérsico. Desde que las hostilidades estallaron el pasado 28 de febrero, unos 20 mil marinos habían quedado atrapados en una zona de alta peligrosidad, afectando gravemente el comercio internacional.
El secretario de la Guerra, Pete Hegseth, compareció ante los medios para oficializar la recuperación de esta vía navegable. Durante su intervención, Hegseth describió el despliegue como una «cúpula roja, blanca y azul» extendida sobre el estrecho, haciendo alusión a la protección integral que las fuerzas estadounidenses brindarán a partir de ahora. El funcionario enfatizó que la presencia militar busca estabilizar la región y devolver la normalidad a uno de los pasos marítimos más sensibles y estratégicos del planeta.
Un despliegue militar de gran escala
Para asegurar el éxito del denominado Proyecto Libertad, el Pentágono ha movilizado un arsenal técnico y humano masivo. La cobertura permanente sobre la ruta incluye drones armados de vigilancia, helicópteros Apache, cazas de la Fuerza Aérea y la presencia de dos portaaviones. En total, unos 15 mil militares se encuentran desplegados en la región para interceptar cualquier amenaza y garantizar que el tránsito comercial no sufra nuevas interrupciones.
Aunque las autoridades presentan esta misión como una acción defensiva y temporal, el contexto es de máxima tensión. El Proyecto Libertad surge como una ramificación de la Operación Furia Épica, lanzada bajo la administración de Trump. Esta ofensiva ha convertido al estrecho en el epicentro del pulso geopolítico con Teherán, desafiando directamente la soberanía que el régimen iraní reclama sobre estas aguas.
Desafíos persistentes y control de la vía
Pese al optimismo oficial, la situación de seguridad sigue siendo volátil. Hegseth afirmó que la vía está despejada y que el control iraní sobre el paso ha sido neutralizado de facto. «Sabemos que los iraníes están avergonzados; dijeron que controlaban el estrecho y no es así», sentenció el secretario. No obstante, el mando militar reconoce que Irán aún posee un arsenal considerable de misiles, drones y lanchas rápidas con capacidad de hostigamiento.
Se espera que el flujo de barcos aumente de forma escalonada en los próximos días. La comunidad internacional observa con cautela este avance, que Washington interpreta como la fase final de una guerra que consideran prácticamente ganada, centrando ahora sus esfuerzos en la reconstrucción de las rutas de suministro globales.
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