
El Ministerio de Petróleo iraní descalifica el alivio de sanciones anunciado por la administración Trump, calificándolo como una maniobra psicológica para frenar la escalada del crudo por encima de los 100 dólares. Teherán niega la existencia de reservas en alta mar y mantiene el pulso en el Estrecho de Ormuz.
La guerra de nervios por el control del mercado energético global ha alcanzado un nuevo pico de tensión. El gobierno iraní ha rechazado categóricamente la reciente exención de sanciones anunciada por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, tildándola de una estrategia de manipulación mediática sin base en la realidad productiva.
El conflicto estalló luego de que Washington autorizara una ventana de 30 días para comercializar petróleo iraní supuestamente almacenado en buques en alta mar —una cifra que EE. UU. estima en 140 millones de barriles—. El objetivo declarado por la Casa Blanca es inundar el mercado para enfriar los precios, que ya han roto la barrera de los 100 dólares por barril.
La respuesta de Teherán: «No hay reservas»
Saman Ghodousi, portavoz del Ministerio de Petróleo de Irán, utilizó sus redes sociales para desmentir la existencia de tales inventarios. Según el funcionario, la medida es una «falsa esperanza» fabricada para calmar la ansiedad de los compradores internacionales. «Irán prácticamente no tiene reservas de petróleo crudo ni excedentes. Los comentarios de EE. UU. solo buscan controlar la psicología del mercado», aseveró Ghodousi.
Un mercado bajo presión
La volatilidad actual no es casual. Desde el inicio de las hostilidades entre EE. UU., Israel e Irán el pasado 28 de febrero, el suministro global está en vilo. Los puntos críticos son: El Estrecho de Ormuz; Bajo control iraní, por donde transita el 20% del crudo mundial. Medidas desesperadas; Washington ya ha suspendido temporalmente sanciones al petróleo ruso para intentar equilibrar la oferta.
Con el fantasma de una crisis inflacionaria prolongada, la Casa Blanca intenta utilizar la diplomacia de las sanciones como una herramienta de estabilización económica, mientras que Irán apuesta por demostrar que el control real del flujo energético no reside en los despachos de Washington, sino en el terreno de conflicto.
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