
El Gobierno de Irán ratificó su disposición para hacer frente a la denominada campaña de presión económica bautizada por Estados Unidos como el «DÍA D económico», la cual contempla restricciones financieras y bloqueos destinados a forzar el fin del conflicto bélico y la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz. Pese al desafío oficial expresado por Teherán, la nación persa afronta un panorama interno marcado por una inflación interanual cercana al 88 % y un incremento del desempleo.
La tensión geopolítica en Medio Oriente suma un nuevo capítulo en el plano financiero. Las autoridades iraníes respondieron con firmeza a los anuncios realizados por el presidente estadounidense, Donald Trump, respecto a la que calificó como la operación de castigo económico más devastadora emprendida contra un Estado.
Rechazo a la presión de Washington
Frente a la amenaza de endurecer las sanciones comerciales y mantener el bloqueo sobre buques y puertos en el estrecho de Ormuz —paso clave para la exportación de crudo que lleva cerca de seis meses de conflicto—, el Ejecutivo iraní descartó que estas medidas logren modificar su postura militar o diplomática.
Postura oficial: El ministro de Exteriores de Irán, Abás Araqchí, restó efectividad a la ofensiva a través de sus redes sociales, señalando que su país posee una larga experiencia en resistir campañas de asfixia económica impulsadas por Washington. Por su parte, el portavoz de la cancillería, Ismail Bagaei, reiteró que la posición del país en las hostilidades se mantiene invariable.
Impacto petrolero: Estas medidas se insertan en un historial de décadas de restricciones internacionales que han mermado drásticamente la comercialización de la principal fuente de ingresos de la nación: el petróleo.
Indicadores económicos críticos
La respuesta desafiante de Teherán contrasta con la compleja coyuntura macroeconómica que padece la población iraní. Cifras oficiales reflejan que la inflación interanual escaló hasta el 87,9 % en el mes de julio, con un encarecimiento de alimentos y bebidas del 128 %. Asimismo, la tasa de desempleo se elevó del 7,3 % al 9,1 % en el último año, traduciéndose en la destrucción de unos 450.000 puestos de trabajo en medio del asedio financiero internacional.
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