
El voto exterior estrecha el margen a menos de diez mil sufragios en un final agónico.
La segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú se define en un escenario de extrema polarización y suspenso absoluto. Con el 97,8% de las actas procesadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales, la distancia entre ambos contendientes se ha reducido a su punto más crítico. El candidato de izquierda, Roberto Sánchez, se mantiene oficialmente a la cabeza del recuento con un estrecho 50,01% de los votos válidos. Esta cifra representa una diferencia de apenas 8.300 sufragios sobre su rival de derecha, Keiko Fujimori, lo que convierte a este proceso en el más ajustado de la historia reciente del país.
El impacto del sufragio extranjero
El avance del escrutinio en las últimas horas ha modificado la tendencia que parecía consolidar a Sánchez. La candidata de Fuerza Popular, que al inicio de la noche electoral lideró el recuento gracias al fuerte respaldo obtenido en Lima, encontró un nuevo impulso en el extranjero. El voto de los ciudadanos peruanos residentes en el exterior ha sido el factor determinante para recortar la brecha, otorgando a Fujimori dos de cada tres papeletas contabilizadas en los consulados internacionales. Este flujo constante de actas del exterior mantiene abierta la posibilidad de un giro en el resultado final.
Movilizaciones y acusaciones de fraude
El clima de incertidumbre matemática ha trasladado la tensión de las urnas a las calles del país. Ante el recorte de la ventaja, el partido de Sánchez ha reaccionado convocando a sus bases a una gran movilización para este viernes. La organización izquierdista justifica la marcha denunciando una supuesta maniobra contra el pueblo y la democracia, sembrando dudas sobre la legitimidad del tramo final del conteo. Por su parte, el equipo de Fujimori apela a la calma y exige que se compute hasta el último voto emitido fuera de las fronteras.
Un país dividido a la expectativa
El panorama político peruano queda fragmentado en dos mitades casi exactas y con posiciones ideológicas opuestas. A sus 57 años, Sánchez representa la continuidad de un proyecto de cambio social con fuerte arraigo en las provincias del interior. En la otra acera, Fujimori, de 51 años, encarna la defensa del modelo económico vigente y el voto urbano e institucional. La ONPE ha pedido paciencia a la ciudadanía mientras se resuelven las actas observadas que definirán al próximo presidente.
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