
El pontífice estadounidense conmemora el cuadragésimo quinto aniversario del atentado contra Karol Wojtyla con un momento de oración y una catequesis mariana.
El Papa León XIV protagonizó este miércoles un emotivo gesto de continuidad histórica y espiritual al acudir al punto exacto de la plaza de San Pedro donde, hace 45 años, la trayectoria de la Iglesia católica cambió para siempre. Antes de dar comienzo a la audiencia general ante miles de fieles, el obispo de Roma se detuvo para recordar el atentado que sufrió san Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981, un evento que marcó profundamente el siglo XX.
Un instante de recogimiento en el epicentro del suceso
Antes de subir al estrado para dirigirse a los peregrinos, el Papa León XIV se acercó a la pequeña placa de mármol blanco incrustada en el pavimento de la plaza. Este distintivo, que luce el escudo de armas del pontífice polaco, señala el lugar preciso donde Karol Wojtyla cayó herido por los disparos.
El actual pontífice permaneció varios minutos en un silencio absoluto, rodeado por la expectación de los presentes. En un gesto de profunda humildad y respeto, León XIV se arrodilló para tocar la losa, conectando simbólicamente su pontificado con el legado de su predecesor. Este acto fue interpretado por los observadores vaticanos como un recordatorio de la vulnerabilidad y la entrega total que exige el ministerio petrino.
La conexión espiritual con la virgen de Fátima
Durante su alocución posterior, el papa estadounidense explicó el motivo de su gesto y la temática de su jornada. «Hoy honramos la memoria de la virgen de Fátima. En este día, hace 45 años, se atentó contra la vida del papa Juan Pablo II y, por esta razón, he dedicado mi catequesis de hoy a la virgen María», afirmó con solemnidad.
León XIV subrayó cómo la fe de Juan Pablo II le llevó a creer firmemente que «una mano materna» desvió la trayectoria de las balas aquel fatídico atardecer. La coincidencia de la fecha con las apariciones marianas en Portugal en 1917 ha servido históricamente para reforzar el vínculo entre el papado y la devoción a María, un hilo conductor que el actual papa busca mantener vigente.
El recuerdo de una tarde que conmocionó al mundo
La narrativa de aquel 13 de mayo de 1981 sigue viva en la memoria colectiva del Vaticano. Eran las 17:19 horas cuando Juan Pablo II, a bordo de su jeep blanco descubierto, saludaba a la multitud. Fue entonces cuando Mehmet Alí Agca, un terrorista turco vinculado a la extrema derecha, efectuó los disparos que hirieron gravemente al pontífice en el abdomen y la mano.
Tras una operación de urgencia de más de cinco horas en el policlínico Gemelli, el papa sobrevivió, iniciando un camino de perdón que culminaría en 1983 con su visita al agresor en la cárcel. León XIV recordó que aquel perdón no fue solo un acto privado, sino un mensaje universal de reconciliación que hoy, décadas después, sigue resonando como un pilar fundamental de la doctrina cristiana en un mundo todavía convulso.
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