
El Kremlin señala que la normalización del flujo petrolero global depende exclusivamente del fin de las hostilidades lideradas por EE. UU. e Israel. Mientras el viceministro Andréi Rudenko aboga por una solución diplomática, Rusia consolida su posición en el mercado energético ante la incertidumbre global y la creciente demanda de crudo por parte de potencias como la India.
El Gobierno de la Federación de Rusia fijó este lunes su postura sobre la crisis logística que mantiene en vilo al comercio energético mundial. El viceministro de Exteriores, Andréi Rudenko, afirmó que la plena operatividad del Estrecho de Ormuz solo se recuperará una vez que finalicen las acciones militares en territorio iraní, vinculando la seguridad de esta ruta estratégica directamente al desenlace del conflicto regional.
Críticas a la estrategia de Washington
Durante una comparecencia oficial, Rudenko fue tajante al calificar la situación actual como una consecuencia de la «agresión» emprendida por Estados Unidos e Israel contra Irán. Para el Kremlin, la inestabilidad en el paso marítimo —por donde circula gran parte del crudo mundial— no es un evento aislado, sino el resultado de la presión bélica en Oriente Medio.
En sintonía, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, insistió en que el conflicto ya debería haber transitado hacia una fase de negociación, subrayando que el diálogo es la única herramienta capaz de desactivar la escalada de tensión.
Rusia capitaliza la incertidumbre energética
A pesar de su llamado a la paz, el escenario de conflicto ha generado un dinamismo favorable para la economía rusa:
Repunte de precios: La limitación del paso por Ormuz ha impulsado los precios internacionales del petróleo, beneficiando las arcas de Moscú.
Flexibilización de sanciones: La necesidad global de suministro ha permitido a Rusia mantener sus exportaciones con una menor presión punitiva.
Nuevos mercados: Además de la alianza energética con India, otras naciones evalúan el crudo ruso como una alternativa segura ante la volatilidad de los suministros provenientes del Golfo.
Un papel bajo la lupa internacional
Aunque Moscú mantiene una retórica de cautela y mediación, su rol en el conflicto sigue siendo objeto de un intenso escrutinio por parte de la comunidad internacional. Diversos informes sugieren una posible colaboración en materia de inteligencia estratégica entre Rusia e Irán, un factor que añade complejidad a la posición de mediador que intenta proyectar el gobierno de Vladímir Putin.
Con estas declaraciones, Rusia reafirma que no habrá estabilidad en los mercados de hidrocarburos mientras persista el asedio sobre las infraestructuras iraníes, posicionándose como un actor clave en la resolución —o prolongación— de la crisis energética actual.
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