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El fallecimiento de la hermana menor de la reina Sofía en el palacio de la Zarzuela marca el fin de una era de lealtad familiar y discreción dentro de la casa real española.
La casa real española ha comunicado con profundo pesar el fallecimiento de su alteza real la princesa Irene de Grecia y Dinamarca, ocurrido este jueves 15 de enero de 2026 a los 83 años de edad. Con su partida, no solo desaparece una figura clave de la realeza europea, sino que la reina Sofía pierde a su hermana menor, su confidente más íntima y su apoyo más sólido durante los últimos cincuenta años. El deceso tuvo lugar en el palacio de la Zarzuela, el hogar que ambas compartieron desde finales de la década de los sesenta y donde Irene encontró un refugio tras años de exilio y cambios políticos en su Grecia natal.
El último adiós en la intimidad de palacio
Según fuentes cercanas a la casa real, la reina Sofía permaneció junto al lecho de su hermana hasta su último aliento, habiendo cancelado todos sus compromisos oficiales para dedicarse por completo a su cuidado en estas últimas semanas de fragilidad. La salud de la princesa Irene se había debilitado considerablemente en los últimos meses, lo que motivó un blindaje informativo en torno a su estado para preservar su privacidad. La complicidad entre ambas era tal que el entorno de la familia real describe su relación como un vínculo de una sola alma, una conexión que se hizo aún más estrecha tras el fallecimiento de su hermano, el rey Constantino II, en enero de 2023.
Una vida de servicio y discreción absoluta
Irene de Grecia siempre se caracterizó por su perfil bajo y su carácter profundamente espiritual. Nacida en Sudáfrica durante el exilio de sus padres, los reyes Pablo y Federica, siempre mantuvo una actitud de servicio hacia los demás. Fue una pianista de concierto excepcional y una apasionada de la cultura india, conocimientos que trajo consigo a España cuando se instaló definitivamente en Madrid. A pesar de su linaje, nunca buscó el protagonismo, prefiriendo siempre caminar dos pasos por detrás de su hermana mayor, ofreciéndole el soporte emocional necesario en los momentos más convulsos de la monarquía española.
Un pilar fundamental para la familia real
Para el rey Felipe VI y las infantas Elena y Cristina, la tía Pecu, como la llamaban cariñosamente por sus peculiaridades y buen humor, era una figura materna adicional. Su presencia en la Zarzuela no era meramente protocolaria; era el pegamento que mantenía unidos muchos hilos familiares. Su labor filantrópica a través de la fundación Mundo en Armonía también deja un legado imborrable, habiendo dedicado gran parte de su fortuna personal y sus esfuerzos a proyectos humanitarios y de protección animal en diversos continentes.
El luto de una reina y un país
La reina Sofía se enfrenta ahora a uno de sus momentos más difíciles, perdiendo a la persona que mejor comprendía su historia y sus sacrificios. Los actos fúnebres se llevarán a cabo en la más estricta intimidad, siguiendo los deseos de la fallecida, aunque se espera un funeral de estado con presencia de diversas casas reales europeas para honrar su memoria.
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