
En su tradicional audiencia anual ante el cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede, el Papa León XIV expresó este viernes su profunda consternación por el recrudecimiento de los conflictos en el continente americano. El Sumo Pontífice calificó como un motivo de «grave preocupación» la reciente escalada militar en el Caribe y el Pacífico, haciendo un énfasis especial en el derrocamiento de Nicolás Maduro tras la intervención armada de Estados Unidos.
Crítica al uso de la fuerza internacional
El Papa, de origen peruano y estadounidense, lanzó una advertencia sobre el estado actual de la diplomacia global, señalando que el mundo parece estar abandonando los consensos logrados tras la Segunda Guerra Mundial.
«La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende. Se ha roto el principio que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas», sentenció el Obispo de Roma.
Para el Pontífice, la diplomacia basada en el diálogo está siendo desplazada por una «diplomacia de la fuerza», un cambio de paradigma que, a su juicio, pone en riesgo la estabilidad del orden internacional.
Llamado por Venezuela
Ante la crisis desatada por la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores el pasado 3 de enero en Caracas, León XIV fue enfático en pedir una salida política que no ignore la soberanía ciudadana:
Soberanía: Instó a los actores internacionales a «respetar la voluntad del pueblo venezolano».
Derechos Humanos: Llamó a salvaguardar los derechos civiles y humanos de todos los ciudadanos sin distinción.
Bien Común: Exhortó a evitar soluciones basadas en «intereses partidistas» y buscar la concordia nacional.
Contexto de las operaciones militares
Las palabras del Papa se producen tras meses de operaciones navales estadounidenses en el Caribe y el Pacífico Oriental, justificadas por Washington como una ofensiva antinarcóticos, pero cuestionadas por organismos de las Naciones Unidas y diversas ONG debido a los bombardeos contra embarcaciones venezolanas.
El Santo Padre concluyó su mensaje pidiendo soluciones pacíficas y estables que garanticen un futuro de paz para la región, reafirmando el papel de la Iglesia como mediadora en favor de la justicia y el derecho internacional.
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