
Durante el rezo del Ángelus, el pontífice advirtió que la polarización y el rechazo a la diversidad siembran aridez en el mundo, e instó a los gobernantes a guiar sus decisiones hacia la fraternidad.
En un nuevo e intenso llamado a la concordia internacional, el papa León XIV exhortó este domingo a los líderes políticos y gobernantes del mundo a permitir que la «Sabiduría divina» guíe sus acciones. Desde la ventana del Palacio Apostólico, el Santo Padre pidió que se iluminen las conciencias de quienes toman las decisiones globales para orientarlas hacia el establecimiento de una convivencia pacífica, equitativa y sostenible en el tiempo.
Ante una multitud de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, el líder de la Iglesia católica recordó el cierre del mes de mayo, un periodo que la comunidad eclesial dedicó por completo a la oración por los países que hoy sufren los estragos de la violencia y los conflictos bélicos.
“Como una cadena ininterrumpida, se ha confiado a la intercesión de la Virgen María a los pueblos atormentados por la guerra”, manifestó el pontífice.
El peligro de la división frente a la comunión
El obispo de Roma dedicó una parte central de su alocución a reflexionar sobre el impacto negativo de las fracturas sociales modernas. Advirtió con firmeza que flagelos como las divisiones internas, las posturas polarizadas y la intolerancia hacia la diversidad solo traen consigo destrucción, melancolía y un profundo vacío espiritual en la sociedad actual.
En contraposición a estos escenarios de confrontación, León XIV recordó que la fe cristiana debe funcionar como un puente para el entendimiento mutuo y la solidaridad. Explicó que el misterio de la Trinidad representa una invitación abierta a practicar un amor universal, libre de discriminaciones, donde cada ser humano reconozca que su propósito está ligado al encuentro con el prójimo.
Paz para los corazones inquietos
El Papa también destacó el poder transformador de la espiritualidad en la vida cotidiana. Aseguró que la experiencia de la fe es capaz de pacificar los corazones humanos, constantemente marcados por la ansiedad y la agitación, permitiendo que la sociedad se reconozca bajo una misma hermandad guiada por la alegría del Espíritu. Por el contrario, alertó sobre los peligros morales y sociales que acarrea el alejarse de estos valores divinos.
Para concluir su mensaje dominical, el pontífice evocó las palabras del apóstol san Pablo a la comunidad de Corinto, utilizándolas como un mandato vigente para los tiempos actuales: «Alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz».
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