
- Con 35 candidatos presidenciales, el país llega a las urnas priorizando el combate a la criminalidad en un contexto de crisis.
Un escenario electoral sin precedentes
La campaña electoral más fragmentada en la historia de Perú llegó a su fin este jueves, dejando un panorama de incertidumbre y una prioridad absoluta para el electorado: la lucha contra la inseguridad ciudadana. Con un récord de 35 aspirantes a la presidencia, los comicios de este domingo se perfilan como un punto de inflexión para una nación marcada por la fragilidad institucional. En la última década, el país ha sido testigo de una inestabilidad crónica que ha resultado en la sucesión de ocho mandatarios, lo que ha mermado la confianza de la población en la clase política tradicional.
El auge del populismo penal
En este contexto, las propuestas de los candidatos que lideran los sondeos de opinión se han radicalizado. Los tres aspirantes de derecha con mayor intención de voto han centrado sus discursos en lo que analistas califican como populismo penal. Entre las medidas más polémicas destacan la implementación de la pena de muerte y la salida del Perú del Pacto de San José. Esta última propuesta busca desvincular al Estado de la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), bajo el argumento de que las normativas internacionales limitan la capacidad del Estado para aplicar sanciones severas contra el crimen organizado.
Keiko Fujimori y el legado familiar
Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, encara su cuarto intento por alcanzar la presidencia tras haber sido derrotada en tres balotajes previos. Su estrategia se ha basado en la reivindicación directa de la gestión de su padre, Alberto Fujimori. La candidata sostiene que el país requiere el «orden» que, según ella, su progenitor impuso al derrotar a Sendero Luminoso y al MRTA. Dentro de sus planes de gobierno, propone que los reclusos realicen trabajos forzados para sufragar sus propios gastos de alimentación, apelando a un electorado que demanda mano dura frente al incremento de los índices delictivos.
Voces radicales en la contienda
Por otro lado, el humorista Carlos Álvarez ha dado el salto de la parodia a la política con un discurso centrado en el castigo ejemplar. Álvarez ha prometido instaurar la pena capital no solo para sicarios y feminicidas, sino también para políticos corruptos. Su mensaje de «condecorar» a los policías que abatan delincuentes en cumplimiento de su deber ha resonado en sectores golpeados por la violencia. Paralelamente, Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, insiste en que el retiro de la Corte IDH es urgente para recuperar la soberanía judicial, calificando a la entidad internacional como un obstáculo para la justicia interna.
El factor sorpresa en el interior
Mientras la derecha domina el debate en la capital, la izquierda avanza silenciosamente en las regiones del sur y la sierra central. Roberto Sánchez es el candidato que ocupa el cuarto lugar en las encuestas generales ha consolidado un bastión importante en el interior del país. Este fenómeno evoca lo ocurrido en procesos anteriores con Pedro Castillo, donde el voto rural y regional terminó por revertir las proyecciones de Lima, sugiriendo que la historia podría repetirse si las fuerzas tradicionales ignoran el descontento profundo de las provincias peruanas.
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