
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, calificó como la confirmación de un «engaño geopolítico» la reciente decisión del Departamento de Justicia de los Estados Unidos de matizar sus acusaciones contra la cúpula venezolana. Según el mandatario, la eliminación de la etiqueta de «organización criminal estructurada» para el denominado Cártel de los Soles demuestra que la narrativa utilizada para la intervención en Venezuela carecía de fundamentos reales.
«Yo lo dije»: La reivindicación de Petro
A través de una serie de mensajes en sus plataformas oficiales, Petro reaccionó con ironía a la investigación de The New York Times que expone cómo la fiscalía estadounidense ha comenzado a describir el caso como un «sistema de clientelismo» en lugar de un cártel de narcotráfico.
«Yo esto lo dije: no hay evidencia alguna que exista un ‘Cártel de los Soles’. El relato fue una fabricación sin sustento para justificar el control de las reservas petroleras», sentenció el mandatario colombiano.
Crítica a la «Doctrina Monroe» moderna
Petro elevó su retórica al vincular el operativo contra Nicolás Maduro con los intereses de lo que denominó el «grupo megaoligárquico» de los Estados Unidos. Según su análisis, la acusación de narcoterrorismo fue un pretexto funcional a una visión anacrónica de la Doctrina Monroe, impulsada por:
Fabricantes de armamento y misiles.
Grandes corporaciones dueñas de la Inteligencia Artificial.
Sectores que, según el mandatario, se autodenominan «el pueblo elegido de Dios» para justificar el uso de la fuerza.
Un pulso por la superioridad moral
Para el líder colombiano, el retroceso judicial de Washington no es un error técnico, sino una derrota moral. Petro cuestionó la «piratería de datos» y el uso de la justicia como herramienta de persecución política en la región, posicionándose como el principal detractor de la influencia judicial norteamericana en Sudamérica.
Con estas declaraciones, el presidente de Colombia no solo busca blindar su postura diplomática frente a la crisis venezolana, sino denunciar lo que considera un «caos peligroso» provocado por intervenciones basadas en narrativas que hoy, según él, se desmoronan en los propios tribunales de Nueva York.
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