
El siniestro, que transportaba a 110 efectivos de la Fuerza Aérea, precipita una reforma radical en la adquisición de equipos y un ultimátum del Ejecutivo contra la corrupción en defensa.
Una jornada de luto sacude a las Fuerzas Militares de Colombia. Un avión tipo Hércules de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) se precipitó a tierra en jurisdicción de Puerto Leguízamo, transportando a bordo a 110 soldados. Hasta el momento, las labores de búsqueda y rescate han permitido poner a salvo a 20 militares, mientras los equipos de emergencia continúan trabajando contrarreloj en la zona del impacto.
Un «accidente horroroso» que fractura la logística militar
El presidente de la República, Gustavo Petro, calificó el suceso como un «accidente horroroso que no debió suceder», señalando directamente las deficiencias técnicas y la obsolescencia que enfrenta el parque aéreo nacional. El mandatario fue enfático al advertir que el veto internacional a los repuestos de origen ruso ha dejado una brecha crítica en la operatividad de la flota de carga.
Ultimátum y modernización estratégica: La llegada del Gripen
Como respuesta inmediata a la tragedia, la Casa de Nariño ha tomado decisiones de carácter urgente para transformar la capacidad defensiva del país:
Aprobación de CONPES Estratégico: Se ha dado luz verde a una inversión masiva para la compra de armamento moderno, que incluye drones, fusiles de fabricación nacional y, de manera destacada, la adquisición de la flota estratégica Gripen para renovar la superioridad aérea.
Renovación de carga y transporte: Se ordenó la compra inmediata de helicópteros y aviones de carga que sustituyan a las aeronaves afectadas por la falta de suministros técnicos.
Purga administrativa: El presidente amenazó con la remoción inmediata de cualquier funcionario, civil o militar, que obstruya o no esté a la altura del proceso de modernización tecnológica.
Guerra frontal contra la corrupción
El discurso presidencial cerró con una advertencia sin precedentes sobre el manejo de los recursos públicos destinados a la seguridad nacional.
«Persona que se robe un peso es un asesino de nuestras tropas», sentenció Petro, vinculando directamente la corrupción administrativa con la pérdida de vidas humanas en el campo de batalla y en accidentes logísticos.
Mientras las familias de los soldados esperan noticias desde Puerto Leguízamo, el Gobierno acelera los trámites para que este siniestro marque el punto final de una era de precariedad en los equipos de transporte militar del país.
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