
El mandatario estadounidense lanza un ultimátum a Teherán advirtiendo que, de no lograrse un acuerdo y la apertura del Estrecho de Ormuz, ordenará la destrucción total de centrales eléctricas, pozos petroleros y plantas desalinizadoras.
La tensión en el Medio Oriente ha alcanzado un nuevo punto de ebullición tras las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. A través de su plataforma Truth Social, el mandatario estadounidense subió el tono de la confrontación al amenazar directamente con atacar objetivos estratégicos de Irán que, según sus palabras, han sido «deliberadamente» respetados hasta ahora. La advertencia pone en la mira infraestructuras críticas como la Isla de Jarg, principal terminal de exportación de crudo iraní, además de la red eléctrica nacional y sus pozos petrolíferos.
A pesar del tono beligerante, Trump aseguró que su administración se encuentra actualmente en conversaciones serias con lo que describió como un «régimen nuevo y más razonable» dentro de la estructura iraní. Según el líder republicano, se han logrado avances significativos en estos diálogos secretos destinados a poner fin a las operaciones militares en la región; sin embargo, condicionó el cese de las hostilidades a la firma de un acuerdo definitivo y a la liberación inmediata del tránsito marítimo en el estratégico Estrecho de Ormuz.
La advertencia de la Casa Blanca no deja margen para las medias tintas, ya que Trump incluyó en la lista de posibles objetivos incluso las plantas desalinizadoras, un movimiento que afectaría directamente el suministro de agua potable en la nación persa. Esta postura se produce en un contexto de agresión coordinada con Israel, elevando el riesgo de una escalada que podría paralizar el flujo energético mundial si Teherán decide cumplir su promesa de ofrecer respuestas cada vez más contundentes a cualquier incursión en su territorio.
Por su parte, desde Teherán se mantiene una postura de hermetismo y resistencia, negando cualquier tipo de negociación directa con Washington. Mientras el mundo observa con cautela, la amenaza de una ofensiva total contra el aparato productivo iraní sitúa a la economía global en un estado de incertidumbre, ante la posibilidad de que el conflicto desemboque en la destrucción definitiva de la infraestructura que sostiene la estabilidad energética de la región.
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