
El neurólogo Adler Puerta Antúnez advierte sobre la ausencia de tratamientos curativos y la corta esperanza de vida de los pacientes.
La esclerosis lateral amiotrófica (ela) se mantiene como uno de los desafíos más complejos para la salud pública en Venezuela. Al ser una enfermedad neurodegenerativa que provoca la atrofia progresiva de los músculos, su impacto no solo es devastador para quien la padece, sino también para su núcleo familiar. A pesar de que el origen de esta patología sigue siendo desconocido en la gran mayoría de los diagnósticos, su avance es implacable y, hasta la fecha, no existe una cura definitiva en ninguna parte del mundo.
El panorama epidemiológico en el territorio nacional
En una reciente entrevista concedida al periodista Román Lozinski para el Circuito Éxitos, el médico neurólogo Adler Puerta Antúnez ofreció luces sobre la situación actual de esta condición en el país. Ante la ausencia de registros epidemiológicos oficiales actualizados, el especialista recurrió a proyecciones basadas en la prevalencia internacional para determinar el alcance del problema en la población local.
Según sus estimaciones, en Venezuela podrían existir entre 1.000 y 2.500 personas conviviendo con esta patología. Aunque la cifra pueda parecer reducida en comparación con otras enfermedades crónicas, Puerta Antúnez enfatizó que la complejidad del cuadro clínico y la demanda de cuidados especializados hacen que cada caso represente una carga social y sanitaria de proporciones significativas.
Un pronóstico marcado por la progresión rápida
El especialista fue enfático al describir la realidad que enfrentan los pacientes tras recibir el diagnóstico. La naturaleza de la enfermedad implica una pérdida gradual de la neuronas motoras, lo que deriva en una parálisis muscular que afecta el habla, la deglución y, finalmente, la capacidad respiratoria. «No hay tratamiento específico, eficaz que cure la enfermedad», señaló el neurólogo, subrayando la limitación de la medicina actual frente a este trastorno.
La supervivencia promedio tras el diagnóstico inicial oscila entre los tres y cinco años para la mayor parte de los afectados. Las estadísticas reflejan una realidad cruda: menos del 15 % de los pacientes logra superar la década de vida una vez manifestados los síntomas. Esta brevedad en el ciclo de vida de la enfermedad exige un sistema de soporte robusto que, en muchas ocasiones, el entorno del paciente no puede costear o gestionar por cuenta propia.
La importancia de la detección temprana y experta
Uno de los mayores obstáculos para enfrentar la ela es el tiempo que transcurre entre los primeros síntomas y la confirmación médica. Puerta Antúnez destacó que el deterioro físico ocurre en plazos muy breves, lo que hace vital la intervención de neurólogos con experiencia que puedan diferenciar esta patología de otras afecciones neuromusculares menos agresivas.
El acompañamiento interdisciplinario, que incluya terapia física, nutrición y asistencia ventilatoria, se presenta como la única vía para mejorar la calidad de vida de los afectados. El especialista concluyó que, mientras la ciencia continúa buscando respuestas sobre sus causas, la prioridad debe ser garantizar condiciones dignas para los venezolanos que hoy enfrentan este diagnóstico.
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