
El ministro de Defensa de Brasil evalúa con el gobierno venezolano el despliegue de rescatistas, personal médico y plantas potabilizadoras en las zonas afectadas.
El ministro de Defensa de Brasil, José Múcio, arribó este martes a Caracas con el propósito de coordinar nuevas acciones de apoyo a Venezuela, tras los devastadores terremotos que sacudieron al país el pasado 24 de junio. Esta visita institucional busca optimizar la recepción y distribución de la asistencia internacional en los puntos más críticos de la emergencia.
Evaluación y reuniones bilaterales
Como parte de su agenda oficial en la capital venezolana, el funcionario brasileño tiene previsto reunirse con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. El objetivo central del encuentro es evaluar las áreas prioritarias en las que Brasil puede contribuir eficazmente a las labores de reconstrucción y a la atención inmediata de la contingencia.
Previamente, Múcio sostuvo una reunión de trabajo con su homólogo venezolano, Gustavo González López, para definir los canales logísticos de la ayuda bilateral. «Tenemos que ver dónde podemos ayudar más», expresó el ministro brasileño, quien además enfatizó que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva mantiene un firme compromiso y respaldo hacia Venezuela durante esta crisis.
Despliegue de personal técnico
Desde el inicio de la crisis humanitaria, el gobierno de Brasil ha movilizado cuatro aeronaves con suministros estratégicos y personal altamente capacitado. El contingente enviado incluye a 35 bomberos especializados en operaciones de búsqueda y rescate en estructuras colapsadas, así como a 48 profesionales de la salud encargados de reforzar la atención médica hospitalaria en las zonas afectadas.
La asistencia médica se complementa con un importante lote de medicamentos e insumos sanitarios diseñado para garantizar el tratamiento de unas 1.500 personas durante un periodo de un mes, priorizando la prevención de brotes epidemiológicos.
Soluciones de agua potable
Uno de los aportes más críticos de la cooperación brasileña es la instalación de 100 plantas potabilizadoras de agua. Estos equipos operan de forma autónoma mediante energía solar, lo que permite su funcionamiento en áreas donde la infraestructura eléctrica quedó completamente destruida. Cada una de estas plantas tiene la capacidad de producir hasta 5.000 litros diarios de agua apta para el consumo humano.
Este esfuerzo logístico conjunto busca mitigar el impacto inmediato del desastre natural en la población civil, mientras se consolidan los planes de reconstrucción a mediano plazo entre ambas naciones de la región.
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