
La multinacional busca integrar cuatro grandes áreas del proyecto Mariscal Sucre y el campo Loran para abastecer la creciente demanda de exportación desde Trinidad y Tobago.
La gigante energética Shell ha decidido pisar el acelerador en sus operaciones dentro del Caribe. Según fuentes cercanas a las conversaciones, la compañía con sede en Londres se encuentra en una fase avanzada de negociación con el gobierno de Venezuela para desarrollar cuatro extensas áreas de gas natural. Este movimiento estratégico no solo busca reactivar proyectos paralizados por años, sino consolidar un eje energético entre las aguas venezolanas y la infraestructura de procesamiento en Trinidad y Tobago.
Un ambicioso plan para el proyecto Mariscal Sucre
El foco principal de la compañía sigue siendo el campo Dragon, que alberga aproximadamente 4,2 billones de pies cúbicos (tcf) de gas. Aunque Shell ha intentado avanzar en esta zona durante casi una década, el contexto geopolítico y comercial actual sugiere que una decisión final de inversión podría concretarse antes de que finalice el presente año. Sin embargo, la ambición de Shell ha crecido; ahora la empresa apunta a incluir tres áreas adicionales que forman parte del megaproyecto Mariscal Sucre.
Este complejo gasífero cuenta con reservas estimadas en 12 tcf. Al sumar estas áreas al campo transfronterizo Loran, que aporta otros 7,3 tcf, Shell estaría posicionándose para gestionar un volumen cercano a los 20 billones de pies cúbicos de gas. Esta expansión bajo la administración de Delcy Rodríguez representa un giro significativo en la estrategia de la OPEP, permitiendo una apertura técnica y operativa a capitales extranjeros en sectores críticos.
Sinergia logística con la plataforma de Trinidad
La hoja de ruta de Shell es clara: extraer el hidrocarburo de los yacimientos venezolanos y enviarlo directamente a Trinidad y Tobago. El objetivo es procesar el recurso en la planta de gas natural licuado Atlantic Lng, donde Shell posee una participación mayoritaria. Actualmente, esta infraestructura opera por debajo de su capacidad instalada debido a la escasez de suministro local, por lo que el gas venezolano se presenta como el salvavidas ideal para reactivar las exportaciones globales de GNL.
En marzo, altos ejecutivos de la firma británica formalizaron acuerdos preliminares en Caracas. Estos documentos no solo cubren el desarrollo marino, sino que exploran la posibilidad de intervenir en los campos terrestres de Carito y Pirital, conocidos por su alta productividad de petróleo y gas.
Impacto en el mercado energético regional
El éxito de estas conversaciones podría redefinir el mapa energético del Caribe. Para Venezuela, supone una vía de ingresos constante y la validación de su potencial gasífero frente a los mercados internacionales. Para Shell, significa asegurar reservas masivas a largo plazo con una inversión logística optimizada, aprovechando la cercanía geográfica entre los yacimientos y sus plantas de licuefacción.
A medida que avanzan los diálogos técnicos, el sector energético global observa con atención si este acuerdo logrará superar las barreras políticas restantes, transformando finalmente el potencial del subsuelo venezolano en una realidad comercial para el mercado atlántico.
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